sábado, 30 de marzo de 2019

IGOR ZIDIĆ


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INSTRUCCIÓN A LA CÁMARA
(Lederer[i], precognición)

Si caigo,
filma:
que al mundo
partan
imágenes vivas
de muerte

(1991)



DE LOS RESCOLDOS

Guirnalda
de humos
negros
lleva a Croacia
al Cielo


[i]Gordan Lederer, camarógrafo de la televisión 
croata, muerto mientras filmaba en el frente de 
Kostajnica en agosto de 1991.


De La hora del horror, Poesía de 
guerra en Croacia 1991-1994


Trad. F. J. Juez Gálvez



TIN UJEVIĆ



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NOCHE


En esta noche mi frente se quema,
En esta noche mis párpados se pesan,
Y mis pensamientos iluminan mi sueño,
Voy a morir de belleza esta noche.

El alma se vuelve extraña en sus profundidades,
Ella es una antorcha en el suelo de la noche;
Lloramos, lloramos en el silencio,
Morimos, morimos en soledad.



Partida


En el presagio, en el anhelo allende, allende;
En el corazón, en el aliento de montañas, montañas.
Los pueblos pequeños de mi corazón,
de Brač y de Imotski el recuerdo.
Y el fulgor de la maza gloriosa
y el olor (el olor) de la balsamita.
Hacia allí, hacia allí viajo,
hacia allí, hacia allí enlutado;
para escuchar aquellos cuentos,
para mamar la leche de la fábula azul;
que ya no me reconozco,
ni al humo del dolor en la niebla.


Trad. del catalán al castellano 
a cargo de Casa Balcanes



VESNA PARUN


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VACACIÓN DE CEGUERA


Si tuviéramos verdaderos ojos, si no hubiéramos nacido ciegos,
no veríamos a nuestro alrededor paisajes de ciruelos
sino cómo la ciudad envejece y decae el viento,
veríamos cómo entre nosotros rige la regla
de que sólo la esencia alcanza a tocar la esencia
a través del movimiento.
Veríamos a un hombre dormido en la copa de un árbol enorme
que lleva consigo la noche y desenreda su sombra.
Nos veríamos no rodeados por otros, sino divididos en dos
por su órbita corta a través de nuestra piel aérea.
Nos veríamos a nosotros mismos en el espejo encarnados en otros
mirando cara a cara a la tormenta, y pareceríamos, erguidos,
en la muy conmovedora representación de la reciprocidad
estar involucrados. Si los viejos campanarios tuvieran ojos
qué avergonzado se sentiría nuestro yo inexistente.




PARA SER GRABADO EN ROCA


Ha de saberse que no fuimos tristes siempre:
hubo momentos en que amor y vida fueron uno.
En una piedra negra puede descifrarse el sueño de la tierra.
En una gota de lluvia sobre una hoja de higuera taciturna
la celebración del verano puede durar siglos
y el sol olvidarse de desaparecer
tras las desnudas colinas apergaminadas.
En un solo nombre como en una vieja oración
se esconde el sentido silencioso y triste del universo.
Al palidecer, la paz se fue.
El corazón no es capaz de reconstruirla.
Y el pensamiento no puede buscarla siquiera
en el odio de las cosas que disputan entre sí.
Tiempo, por qué nos dejas medirte
con nuestra frente que no anhela más.
Amor, también a ti te hemos medido
con las pesas falsas del mundo irresoluto.


Trad. Martín López-Vega



DRAGO ŠTAMBUK


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PLENILUNIO CROATA
      (Hrvatski tunat)


Vuela el mago
por el mar de la noche azul
en vez del ahuecado ángel

y el flujo de las luces desde una balandra
apunta a la superficie encrespada
tentando redondas caballas.

No puedo dejar
de pensar en el mar
como en un osario de los peces,

en el cual un canto antiguo
limpia y blanquea toda la basura,
transformándola en plateados

hongos y en grava de la playa.
¿Te abrazaré nuevamente
hasta la boca hundido en la muerte

como en el mar, nadando
a media fuerza – solamente para
mantener la cabeza en la superficie,

contando tardíos besos:
sorbos salados
de la cresta de las últimas olas?



Trad. Zeljka Lovrencic



ANTONIO MIRANDA


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EL COITO DEL SÁTIRO


I

En la penumbra de una luna menguante avistó
una casa modesta, cubierta de tejas ruinosas
y ninguna cama decente
para descansar la fatiga del camino.

Hamacas en medio de un cuarto sin adornos y sin muebles.
Un escenario sombrío.

El sátiro la arrojó en su hamaca
y a horcajadas sobre su cuerpo trémulo,
la desnudó con rudeza,
con los pies plantados en el suelo.

Se quitó la camisa y,
una pierna
después de otra,
se soltó los pantalones de cáñamo oscuro.
Aparecieron, entonces, entre las piernas,
dos penes inmensos excitados y vibrantes
como dos serpientes libertas.
Dos penes superpuestos, ojos de fiera, chispeantes.

La lamparilla se extinguía relampagueante,
exhalando olor a quemado.

Carnes indefensas,
la untó con sucesivas capas de saliva gruesa
y comenzó a introducirse con furia.
Tan grande dolor la acabó desfalleciendo.

Después repitió el asalto por el ano.

Comenzó a penetrar las cavernas hasta más no poder.

Una sacudida de bramidos tras los estertores
del gozo, relinchando victorioso.
Despertó a las gallinas en los gallineros y a los animales en las cuadras.
La sangre brotaba de ella
mientras el fauno salía corriendo
hacia el riachuelo cercano,
arrojándose al agua
para apagar las brasas de su cuerpo enfermo.


II

El silencio asaltó los cuerpos agotados.
El hombre se agitaba en sueño saciado
y perturbaba la noche con ronquidos de bicho extenuado.

La joven en torpeza de pesadillas y gemidos constantes.

La tarde del día siguiente abrió los ojos y vio
ristras de luz invadiendo el cuarto hediondo.
El compañero dormía un sueño rumiante.

Salió gateando hasta el umbral de la puerta
para ofuscarse con las luces invasoras
de una tarde declinante.

Distinguió una ingazeira* portentosa y un pasto ralo
en el horizonte difuso.
Encontró más adelante un abrevadero con agua de lluvia
y metió la cara hasta sentir ahogo
cuando percibió que estaba desnuda.

Vio un hacha junto a la cancela
y se agarró a ella con la fuerza que no tenía.
Sintió el ímpetu de salvarse
valiéndose de aquel instrumento de justicia.
Intentó arrancarla de las entrañas
de la madera de un tronco caído
pero no fue capaz.

Todavía intacta la bolsa en que trajera sus escasas pertenencias.
El vestido de novia postrado sobre el suelo polvoriento.
Salió apresurada escondiéndose entre la caatinga**
en dirección desconocida.

Errando por los caminos de tropiezos y espinos.
Jadeando y olfateando “con ávida nariz”
como escribió el poeta Humberto de Campos.

*árbol enorme, típico de la región
** ecosistema del Nordeste de árboles
tuertos y espinosos

                                              De Do Azul mais Distante./
                                                    Del Azul más Distante. 
                                                    Madrid, Saceda, 2008.

                 Trad. Aurora Cuevas Cerveró



viernes, 29 de marzo de 2019

BLANCA ANDREU


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En Lefkes


Junto a la esquina
del Kafeníon
que se sueña en el orden griego
como un niño en Constantinopla
suben al monte
las casas blancas
con temerarios pasos de nieve
bajan
por los olivos
hasta las calles en flor
como palomas que vienen a bañarse.

Más allá de la higuera está el crepúsculo
y una sombra morada que dibuja un turbante
a la cúpula azul de San Spiridión.

Más allá está el crepúsculo. ¿Lo ves?
Sus grandes pétalos se abren sobre el mar
como una enorme y sorprendida rosa.



De Los archivos griegos
Fundación José Manuel Lara, 
Colección de poesía Vandalia




KOSTAS MAVRUDÍS


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                  OTOÑO
                         o
Advertencia sobre una fotografía


Envejezco
puedo decir me alejo
por supuesto no lo abandono
soy su memoria
(en algún momento también necesitaréis herederos
lo perdido con porfía pedirá indicios)
tenía entonces el cigarrillo apagado en los labios
cual fumador de película francesa en blanco y negro
(o como Blaise Cendrars en su clásica instantánea)
limpió con una manga los discos
antes de ponerlos en el gramófono
valses etéreos
en otro tiempo voces solazosas
algo de bel canto (con revoluciones que pierden fuelle)
llenas de los krach
que ahora nos gustan en las viejas grabaciones
con una manga los limpió
veis su cabeza con inclinación a la izquierda
como si tocara el violín
quizás otros sigan la escena de la calle
es otoño
(adustas nubes con formas)
reconocemos la época por el cielo
como el aficionado a los pronósticos
distingue las señales del tiempo
o como un amante de las artes al que
por el abundante rojo no le cuesta
reconocer las nubes de Monet
le veis se ríe ante el fotógrafo
ignoto cual compositor medieval el fotógrafo
(Anónimo
que vemos bajo el título)
rostro
si lo entendisteis
de mi antigua comarca
éstos eran árboles frente a su casa
(portería de fútbol con frecuencia por las tardes)
le molestaba la algarabía de los triunfos celebraciones
los gritos
la pelota contra las ventanas;
podéis visitarlo en el futuro
cuando faltemos quiero decir
podéis visitarlo
con este poema-guía:
la abertura con los árboles
el vals que pierden en las revoluciones
la pelota contra las ventanas cerradas


Trad. Mario Domínguez Parra


Kostas Mavrudís, poeta, ensayista y editor 
griego nació en la isla de Tinos en 1948. 
Estudió Derecho en Atenas. Publicó sus 
primeros poemas en 1968. Desde 1978 
edita la importante revista literaria 
ΤοΔέντρo (El árbol).



FERNANDO DEL PASO


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Cuestión de identidad

La palabra no es vieja,
por fortuna.
Yo no soy la palabra,
por desgracia.

Cuando la palabra me dice,
la palabra me retrata.
Cuando digo a la palabra,
la palabra se espanta.

La palabra es un río cuando el río es un cometa.
Un cometa es la nube cuando la nube llueve,
la nube llueve cuando en mi cuaderno
escribo la palabra “lluvia” mil veces.

Yo no soy la palabra
pero quisiera serlo
para volar con ella
de tiempo en tiempo,
de boca en boca.


   Inopia

He despilfarrado el arcoíris.
Las golondrinas que tenía destinadas a varios poemas
están en números rojos.
Mi cuenta de atardeceres está congelada.
Le debo al fisco tres mil quinientas mariposas.


                                  /poema-urgente/fernando-del-paso





La rosa es una rosa es una rosa...


La rosa es una rosa es una rosa.
Tu boca es una rosa es una boca.
La rosa, roja y rosa, me provoca:
Se me antoja una boca temblorosa.

La roja, roja sangre rencorosa
de la rosa, que quema lo que toca,
de tu boca de rosa se desboca
y me moja la boca, ponzoñosa.

La pena, pena roja de mi vida,
de no vivir bebiendo ese lascivo
licor de boca rosa y llamarada,

rubor de rosa roja y encendida,
me ha dejado la boca al rojo vivo,
del rojo de una rosa descarnada.


De Sonetos con lugares comunes


                        /www.poemaspoetas/fernando-del-paso

SERGIO PITOL


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Fotografía en blanco y negro de Sergio Pitol de joven.



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                                SERGIO PITOL


El arte de la fuga


          Algunos pasajes:

“De algún modo mi viaje por el mundo, mi vida entera ha tenido ese mismo carácter. Con o sin lentes nunca he alcanzado sino vislumbres, aproximaciones, balbuceos en busca de sentido en la delgada zona que se extiende entre la luz y las tinieblas. Me he soñado viajero en esa fantástica nave de los locos pintada por Memling, que una vez contemplé con estupor en el museo naval de Gdansk. ¿Qué es uno y qué es el universo? ¿Qué es uno en el universo? Son preguntas que lo dejan a uno atónito, y a las que se está acostumbrado a responder con bromas para no hacer el ridículo.”

“Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas. Uno está conformado por tiempos, aficiones y credos diferentes. En el momento en que escribo estas páginas puedo dividir mi vida en una fase larga, gustosa y gregaria, y otra, la más reciente, en que la soledad me parece un regalo de los dioses. Ir a fiestas, comidas, tertulias, cafés, bares, restaurantes fue durante largos años un goce cotidiano. El paso al otro extremo se produjo de modo tan gradual que no logro aclarar los distintos movimientos del proceso…”

“Aquello que de importancia nos ocurre en la vida es obra del instinto, afirma Julien Green. ‘Todas las sexualidades forman parte de la misma familia: el instinto. Pero en él hay algo que siempre se nos escapa, y de eso somos conscientes. Es lo que hace apasionante nuestra vida. Todo ser humano lleva un misterio que ignora.’”


“Uno aprende y desaprende a cada paso. El novelista deberá entender que la única realidad que le corresponde es su novela, y que su responsabilidad fundamental se finca en ella. Todo lo vivido, los conflictos personales, las preocupaciones sociales, los buenos y los malos amores, las lecturas, y, desde luego, los sueños, habrán de confluir en ella, puesto que la novela es una esponja que deseará absorberlo todo. El narrador cuidará de alimentarla y fortalecerla, impidiéndole cualquier propensión a la obesidad. ‘La novela en su definición más amplia -sostenía Henry James- no es sino la impresión personal y directa de la vida.’”



FERNANDO DE HERRERA "EL DIVINO"


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Yo vi unos bellos ojos


Con dulce flecha un corazón cuitado,
y que para encender nuevo cuidado
su fuerza toda contra mí pusieron.

Yo vi que muchas veces prometieron
remedio al mal, que sufro no cansado,
y que cuando esperé vello acabado,
poco mis esperanzas me valieron.

Yo veo que se esconden ya mis ojos
y crece mi dolor y llevo ausente
en el rendido pecho el golpe fiero.

Yo veo ya perderse los despojos
y la membrana de mi bien presente
y en ciego engaño de esperanza muero.




Subo con tan gran peso quebrantado...

Subo con tan gran peso quebrantado
por esta alta, empinada, aguda sierra,
que aún no llego a la cumbre cuando yerra
el pie y trabuco al fondo despeñado.

Del golpe y de la carga maltratado,
me alzo a pena y a mi antigua guerra
vuelvo ¿mas qué me vale? Que la tierra
mesma me falta al curso acostumbrado.

Pero aunque en el peligro desfallesco
no desamparo el paso; que antes torno
mil veces a cansarme en este engaño.


Crece el temor y en la porfía cresco,
y sin cesar, cual rueda vuelve en torno,
así revuelvo a despeñarme al daño.



ALBERTO HERNÁNDEZ


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La tumba

Sin cementerio
En plena soledad
Disfruta de su exilio.



La ira

Muerde el instante. Una llaga visible en la mirada.
Siempre retornar y no hacerlo,
Quedar en el mismo sitio, envuelto por la linfa de los días.
El país es una de las tantas derrotas. La única, quizás.
La pérdida, la muerte, el estupor, los tantos vacíos en el estómago.
Las ganas de extraviarse en el barro. Ser atropellado por una tormenta de grillos.
La ira, esa acumulación de insectos en las venas.
No hay otro país. El que nos quedaba a un costado, muere sin ayuda.



Insilio

Astillado por el tiempo, alguien que soy y no soy confirma que la incertidumbre también invade los antiguos muros de las casas. Muchas son las puertas ya cerradas. Muchos los alambrados en los ojos. Un largo silencio corroe las bisagras de la ventana y el óxido patrocina la lenta capacidad que tiene la ceguera de ser mirada en la oscuridad.
Más puede la esperanza, esa palabra tan descuidada, tan alabada por los habitantes de los túneles y de las calles adosadas a cualquier armisticio.
Sin el vigor de atar los cabos, no existe código para volver a abrir la caja de Pandora.
Finalmente, el último trago es el que atañe al veneno.
La salida es la mandíbula de una bestia que guarda la llave y no da cuartel.

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Los textos anteriores pertenecen, 
en su totalidad, al libro de poemas 
inédito de Alberto Hernández, 
Los exilios.





                   SU BLOG: /puertasdegalina.wordpress.com/