domingo, 8 de julio de 2018

ENRIQUE GÓMEZ CORREA


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LA NOCHE AL DESNUDO

                               No somos sino el reflejo
                               de nuestros pies.
                                    Mandrágora, siglo XX

I

Cuando uno pisa el primer ladrillo de la Noche
Se torna el rostro pálido
Avanza a través de ese entrecruzamiento de líneas
Donde el amor y la muerte
Se incrustan en las más fascinantes formas.

La luz que da al ser su poco de locura
Hace de mí un pájaro
Cuyo corazón obedece al "no" de las cosas
Pájaro prisionero del vacío
Yo he comprendido como nunca el amor
Que tengo por las ciudades.

Tal vez el que haya pasado sus días
Calentándose las manos en las tinieblas
Sepa el odio
Que desprende la eternidad
Cuando se está en el Gran Secreto.

Adoro esta sombra
Esta proyección de mi cuerpo
Que va en la noche hacia la mujer
Soñada con deleite.

Hablaré de su rostro
Como los condenados a morir
Después de las purificaciones mágicas
Volved al relámpago
A la noche más oscura que los vacíos mismos
Que circundan la mirada
Hacia esa visión del ser que sangra
En la velocidad de su sueño.

Pero mientras tanto
Yo disparo con el corazón de la memoria.


II

Os habla el que por primera vez
Ha penetrado en la noche.

Yo veía entonces una nube luminosa
Que se acercaba hacia la parte frontal de mi cerebro
Veía crecer simultánea la tortura del corazón
La tomaba entre mis manos
A punto de la más cruel desintegración
Adoraba los contornos de esa nube.

Que sea la distancia entre el rojo y el amarillo
El tiempo necesario para advenir al verde
Para ser la cabeza zumbante que aparece de repente entre una combinación de espejos
La sola razón de una existencia torturada
Por la captación del sonido a través del ojo
Sea así la página azul de su locura.

Otras veces
Al pasar el bosque de árboles plantados por una imaginación dislocada
Por la hoja más brillante del espectro
Bien pudo ser su amor
Ese haz de luz que hoy tortura el abismo de mi memoria.

La noche era así transmutable en un cuerpo
Que yo reconocía como el mío
Y que hoy sólo es comparable
Con la nube luminosa
De la tortura.


III

Yo, hijo de Artemisa, diosa de la caza
Comprendía que la profundidad de mi ojo
Era el más cruel destino de un hombre azotado
Por los paisajes insólitos.

Yo insultaba ese ojo
Que al vivo resplandor de un alma
Se echaba al suelo
Víctima de una extraña malaria
Yo me recordaba con nostalgia de los placeres
De ese hombre que era
Al dar los primeros pasos.

Después oía
Ese inamovible número de los programas festivos
La banda recorrerá las principales calles de la ciudad tocando himnos marciales.
Mis ojos ahora se tornan al fastidio
Iluminados como nunca
A costa de no percibir los contornos de los objetos
Mantened esa malaria
Que se pierde en la profundidad de tu corazón.

Siempre he visto que la sombra
Es el peligro inmediato del hombre
La sinrazón del objeto que pierdo con premeditación
Buscadme en esta noche
Que hasta oigo el crecimiento de las plantas
Ese ruido inefable del alma
Que parte a la soledad.

IV

Amo esa bella autómata
Que está junto a mí en el interior de un tubo
Y por cuyo amor
Comprendo la cinética de los gases.

La pequeña luz quo es entonces mi cuerpo
Que está pronto a esparcirse hacia las paredes del vidrio
Deja sus tres clases de labios
Y parte como nunca a interrogar la cabeza de la luz.

No sé si soy el vidrio o el corpúsculo imantado
O más bien como lo sospecho el destello del relámpago
Pero esta bella autómata es ella
Y es mi amor
Y es de seguro que yo parto a la tormenta.

Siempre el alma vive adherida a un reflejo
A un pequeño insecto que se desboca
Que hace la admiración de los hombres
La tortura de mis sentidos.

Cualquiera que sea la palabra del reconocimiento
La frente perseguida por la lluvia
Yo me perderé en los planos de la gran pirámide del amor
Junto a ti
Mi bella autómata.


VIII

Lo atraviesa el   alma   fusionada con tres imágenes
De un caballo un negro y un   espejo
La sangre forma su nube en el cielo
Se precipita de súbito sobre los techos
Habla claro a los hombres.

Yo vivo como una excrecencia del cerebro
Me hundo en la noche igual que un elemento infaltable
Digo "vamos a hacer tinieblas"
Y empieza al punto a retirarse la luz.

El ser baja entonces sobre sí mismo
Toma posesión en la parte más alta de la sombra
Ay! se ve la muerte iluminada a pesar de la bruma
Se está despedazando en el espacio.

Otras veces toma los instrumentos de la velocidad
Va por la luz
Tengo el corazón desencadenado
Ay! desaparecen de súbito mis carnes
Soy la metamorfosis   a vista y paciencia de los hombres.

Si tú vas por el amor llegaréis   al amor
Si yo voy por Ondina llego a Ondina
Pero es siempre mi corazón y mi cerebro
Expuestos a la soledad.

Eliminando los párpados hay vacío.


X

La luz venía hacia los objetos
Que esperaban sentados en sus sillas.
Ellos eran víctimas de la angustia
Del que espera que de súbito todo se haga luminoso
Eran como el disparo retardado.

Salid al viento me decía removiendo mis ojos
Todo aquí será sol y estrella de tu corazón
Tú partirás hacia el Este hacia el Oeste
Cubrid vuestro cráneo con lanas que ya viene el frío
Y su amor también relampagueaba desde su perfil hasta la punta de mi nariz
Yo era feliz en mi tortura.

Entonces como si todo fuese poco llegaba un vendaval
Un gran vendaval
La luz en el techo (por primera vez vi la luz)
Caía en el centro de la pieza
"Tú debes partir hacia el Este hacia el Oeste” eso oí
Entre tanto exceso de luz
Y el viento siguió arrasándolo todo.

Hoy que vuelvo a la mañana de este día que empieza a ser mío
Comprendo que si la luz ofrece sus razones de existencia
La sombra es mi elemento
Tal como el agua pertenece al pez
Sin discusiones.

                                  De La noche al desnudo, 1945