martes, 12 de junio de 2018

OMAR CAO


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Confesión

tengo que confesar que en mi vida
no ha habido tormentas más grandes
que las producidas por el girar de la cuchara
en el plato de sopa
demasiado caliente
ni más huracanes
que el soplido de enfriarla.
Es verdad que fue triste
cuando se fue la mina
pero
      ¿ quién no ha llorado alguna vez?
Como no!
he sentido ocasionalmente hambre
atorranteando por ahí;
de chico
nunca tuve demasiado menos
que los demás
somos tantos los pobres!
y
      en la escuela
siempre fui de los primeros
compensando otras diferencias
el ser bastante robusto
para mi edad,
quise y me quisieron
algunas mujeres
otras no
no pude descubrir la rebeldía
porque nací en el siglo
de los grandes rebeldes
y
       qué iba a romper yo
si estaba todo roto?
Y así,
         sin innovar,
voy pasando la vida;
cargo en mis espaldas
las culpas suficientes
como para que nadie
me envidie
pero no alcanzan
para llevarme al analista
y la gente no me ha hecho tampoco
tanto mal
como para escribir
       un tango.