viernes, 8 de junio de 2018

MARCELO RIZZI


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al otro lado de la cerca sacrifican
el primer cerdo de estación;
de conjeturar si el animal
reconoce en la inminencia del cuchillo
un frío más atroz que el del rocío
de la noche anterior, nada alentaría
esa certeza en nosotros,
a no ser por el aullido que ahora
ha adquirido el tono genuino
que recubre dos perplejidades:
la del final inexorable, digamos,
de inminente catástrofe,
y la de la apuesta que siempre hacemos
cuando no vemos pero oímos,
similar a la percepción del soñador
que no puede despertarse
o a la de una anestesia total
esperándose que acabe

                    de La destrucción (e-book, 2014)


                 ⧫⧫⧫⧫⧫ 


anche i morti ci hanno
abbandonato, se oye decir
desde el otro lado de la
puerta; se han vuelto
políglotas los hombres
a fuerza de reclamarse
lo heredado: cosas
semihundidas en el ojo
del remanso, bienes
inciertos que deja
la mañana sobre el prado,
o espejos donde todavía
se encuentran de tanto
en tanto todos los rostros
del año anterior


                  ⧫⧫⧫⧫⧫


Rerum

[lucania]

como si en un tiempo
no hubiera existido
más que la sombra
de las cosas; así,
como si cada encuentro
anticipase una despedida,
y una estación de tren
nos informara que toda
espera es falsa, que nada
es lo que parece,
a excepción de lo que
emerge buscando la
exacta bocanada de aire,
su noche de estrellas
polares apagadas

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