jueves, 21 de junio de 2018

JOAN VINYOLI





Soy un alto horno lleno de mineral
que se vuelve líquido fuego, ardor vivo.
La sangre de hielo, hace poco muda y cautiva,
corre bullendo cantando su caudal.

El astro ya muerto y el árbol y el animal
que soy en uno la mano del fuego separa.
La escoria encima, el resto se ha hecho clara,
rica materia para lo más alto

que yo no sé pero que me convierte otra vez
en comienzo, lóbrego sollozo primero,
paso inexperto en el corazón de las tinieblas.

Tambaleándose aún con ojos de noche,
por el negro bosque mi voz celebra,
fulgura mi silencio lleno de grito.


De ese soneto toma su título la espléndida antología 
bilingüe preparada por Jordi Llavina y traducida por 
Carlos Vitale con la que Candaya hace una aportación 
admirable al centenario de Joan Vinyoli (1914-1984), 
un poeta que como su maestro Carles Riba ha influido 
no sólo en la poesía catalana del siglo XX, sino en la 
obra de muchos poetas en castellano. /la-mano-del-fuego.


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