sábado, 23 de junio de 2018

GORDON MCNEER


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ABUELO

                                  Para John H. Evans

En mis sueños veo tus pies ante mí
andando por un camino polvoriento en México.
El Colt que llevas para proteger el oro,
el Bisley 41 que vigila mi sueño,
aún no tiene ninguna muesca en el cañón.
Hace calor.
Tu ropa empapada de sudor
huele igual que tus hijos no nacidos.
Aún estamos todos vivos de algún modo.
Emiliano y Pancho son sólo
niños del pueblo de ojos muy abiertos.
Tu mundo es joven, claro, nítido.
1910 es sólo un año más.
La mujer junto a ti en mi escritorio
no ha conocido al hombre que serás algún día.
A la enfermera que te limpia la frente
en la cama del hospital
mientras allí agonizas
aún le falta mucho para nacer.
Más tarde, en el coche, dijiste:
creo que ahora se puede ir a 50.
Me duele tanto tu recuerdo:
me has vuelto del revés
y me has dejado así,
como esos animales que yo desollaba
cuando era niño.

                              Trad. Raquel Lanseros