miércoles, 13 de junio de 2018

DIEGO MUZZIO


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El tren cruza la ciudad, de noche,
y en los vagones desiertos perdura
una larga nube de humo de cigarrillo.
Los fumadores ya no están;
Pero yo puedo encender
un nuevo cigarrillo y mirar
las luces de las casas que pasan
como luciérnagas que volaran hacia atrás.
En alguna de esas casas tal vez haya
una mujer hablándole a sus gatos,
o un teléfono que suena y una mano
que no se decide a contestar,
o un hombre, que tiene miedo de la muerte,
y ve correr mi tren pensando
en una sentencia irrevocable.
Durante un segundo ambos adivinamos
el rostro borroso del otro
detrás de una ventana;
pero ninguno sabe
quién de los dos se queda,
quién es el que parte.

                              De Ultimatum, 1996


Extraído de La mosca muerta, n°4, Río IV, 1998



                                  


Lupus

Todo perro es un error, lobo envilecido;
al canis lupus se agrega familiaris,
y el peso de su degradación reposa
en esa última palabra:
apéndice óseo como un feto de fauno.
Un tejido detrás de la retina –tapetum lucidum–,
permite a los lobos cazar
tanto de día como de noche,
ver el óbolo en el lodo,
andar sobre el perplejo espejo de las sombras.
No se postran ante el gong del amo,
ni temen al relámpago que divide la tiniebla.
Si tuviera que elegir o soñar, ordeñar
un milagro de Luperca, opto por el lobo:
olfatear al halcón en el viento, al salmón en la corriente,
emancipado de mi propio perro racional,
nada familiar a lo que estar atado.


Poema extraído de /facebook/