sábado, 9 de junio de 2018

CONRAD AIKEN


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Muerte súbita (fragmento)

    Es la número cuatro —la chica de rubios cabellos,
La chica que al ser operada muriera en la mesa...
Ya su cuerpo azulado destaca en el mármol luciente;
Al abrir la garganta el acero descubre las venas...
  
El que tuvo a su cargo la máscara de éter, recuerda
Esos ojos, los ojos azules que el miedo agrandara
Y cómo en su pecho al aliento subiera y bajara,
Cómo quiso apartar la cabeza y los fútiles gestos
Que sus manos hicieron y como de pronto su cuerpo 
desnudo tendióse en la muerte.
Y todos los sueños errantes por nervios y venas
Hallaron de pronto una falla fatídica y ciega.

                        Versión de Jorge Luis Borges


Publicado en Grecia, Sevilla, Año 3, N° 40, 1920


Borges elige poco más de dos estrofas del inicio del poema, trece versos de los setenta y cuatro del original. Junto con las cinco sextas partes del poema desaparecen también la polifonía y el juego de miradas de las escenas descritas. Al cercenarse la complejidad de los discursos, la traducción produce una voz poética que allana la orografía discursiva de Aiken. De hecho, mientras en la palabra del narrador original se abren fallas por las que aparecen otras voces, en castellano (donde a la ausencia de las comillas que marcan el estilo directo se suman otras decisiones de traducción) nos encontramos ante una voz única e impersonal./saltana/


                                ⧫⧫⧫⧫⧫


Aniquilación

Mientras el mediodía se curva, azul, sobre los dos
Y el álamo dispersa tristes hojas,
Dime otra vez por qué el amor embruja
Y qué nos da el amor.

¿Es el dedo que tiembla mientras sigue
La línea de la ceja o la mejilla?
¿La boca que balbuce, al sentir la caricia,
Pero no puede hablar?

No, no está en estas cosas, más que en otras,
Escondido el secreto: no es el tacto
De una mano que puede alborozar
Y alzar la sangre en canto.

Es la hoja que cae entre nosotros,
La esquila que murmura, las sombras que se mueven,
La luz que languidece, otoñal, en tus hombros,
Son estas cosas el amor.

Es el “Quedémonos aquí más tiempo”,
El “Espera a mañana”, “Una vez conocí…”
—Estas trivialidades, mientras tocas mi dedo
Y el reloj da las dos.

El mundo es intrincado, y nada somos.
Es el mundo complejo de la hierba,
El gajo en el sendero, la mirada de encono,
Sentimientos que pasan—

Ellos son el secreto; y te podría odiar
Cuando me inclino para darte un beso
Y descubro en tus ojos que estás lejos
Y que el amor es esto.

Las rocas que entrechocan saben más del amor
Que el mirarse extasiados o el roce de unos labios.
Todo lo que sabemos del amor es amargo,
Y, en verdad, es muy poco.

                                Trad. Pablo Anadón