domingo, 25 de marzo de 2018

JORGE LUIS BORGES


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Himno del mar¹

                                    Para Adriano del Valle²


Yo he ansiado un himno del Mar con ritmos amplios
            como las olas que gritan;
del Mar cuando el sol en sus aguas cual bandera escarlata
            flamea;
del Mar cuando besa los pechos dorados de vírgenes
            playas que aguardan sedientas;
del Mar al aullar sus mesnadas, al lanzar sus blasfemias
            los vientos,
cuando brilla en las aguas de acero la luna bruñida y
            sangrienta;
del Mar cuando vierte sobre él su tristeza sin fondo
            La Copa de Estrellas.

Hoy he bajado de la montaña al valle
y del valle hasta el mar.
El camino fue largo como un beso.
Los almendros lanzaban madejas azuladas de sombra
            sobre la carretera
y, al terminar el valle, el sol
gritó rubios Golcondas sobre tu glauca selva: ¡Mar!
¡Hermano, Padre, Amado…!
Entro al jardín enorme de tus aguas y nado lejos de
             la tierra.
Las olas vienen con cimera frágil de espuma,
en fuga hacia el fracaso. Hacia la costa,
con sus picachos rojos,
con sus casas geométricas,
con sus palmeras de juguetes,
que ahora se han vuelto lívidos y absurdos como
            recuerdos yertos!
Yo estoy contigo, Mar. Y mi cuerpo tendido como
            un arco
lucha contra tus músculos raudos. Sólo tú existes.
Mi alma desecha todo su pasado
como en nórtico cielo que se deshoja en copos
             errantes!

Oh instante de plenitud magnífica;
antes de conocerte, Mar hermano,
largamente he vagado por errantes calles azules con
              oriflamas de faroles
y en la sagrada media noche yo he tejido guirnaldas
de besos sobre carnes y labios que se ofrendaban,
solemnes de silencio,
en una floración
sangrienta…
pero ahora yo hago don a los vientos
de todas esas cosas pretéritas,
pretéritas… sólo tú existes.
Atlético y desnudo. Sólo este fresco aliento y estas olas,
y las Copas Azules, y el milagro de las Copas Azules.
(Yo he soñado un himno del Mar con ritmos amplios
               como las olas jadeantes).
Ansío aún crearte un poema
con la cadencia adámica de tu oleaje,
con tu salino y primeral aliento,
con el trueno de las anclas sonoras ante Thulés ebrias
               de luz y lepra,
con voces marineras, luces y ecos
de grietas abismales
donde tus raudas manos monjiles acarician
               constantemente a los muertos…
un himno
constelado de imágenes rojas, lumínicas.

Oh mar! oh mito! oh sol! oh largo lecho!
Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la
                aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por vez
                primera en tu seno).
Oh proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas;
Ambos con una sed intensa de estrellas;
Ambos con esperanza y desengaños;
Ambos, aire, luz, fuerza, obscuridades;
Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra
                grande miseria!

                      en Grecia, Sevilla, Año 2, N° 37, 1919


¹”Himno del mar” habría pertenecido al segundo libro
que Borges destruyó: el libro fue titulado Los salmos
rojos o Los ritmos rojos.


²Adriano del Valle(1898-1957) perteneció a la genera
ción del 27. Fue redactor jefe de la revista Grecia. Uno
de sus libros más conocidos, Primavera portátil, fue pu
blicado en 1934. La correspondencia entre B. y del V. es
testimonio de la amistad que los unió.