sábado, 3 de marzo de 2018

ALEJO CARPENTIER


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    “Y sonará la trompeta”...

                        CORINTIOS, I, 52


              VIII


"Bajo la tenue llovizna que daba un cierto olor de
establo al paño de los abrigos, andaba el indiano,
ceñudo, metido en sí mismo, con los ojos puestos
en el suelo, como contando los adoquines de la calle
 —azulados por las luces municipales. Sus pensamien
tos no acababan de exteriorizarse en un quedo mur
mullo, de labios para adentro, que le quedaba a medio
camino entre la idea y la palabra.—“¿Por qué he de
verlo como agobiado por la representación en música
que acabamos de ver?” —le pregunta Filomeno. —
“No sé —dice al fin el otro, dejando de malgastar la
voz en soliloquios ininteligibles—: El Preste Antonio me
ha dado mucho que pensar con su extravagante ópera
mexicana. Nieto soy de gente nacida en Colmenar de
Oreja y Villamanrique del Tajo, hijo de extremeño
bautizado en Medellín, como lo fue Hernán Cortés. Y 
sin embargo hoy, esta tarde, hace un momento, me 
ocurrió algo muy raro: 
mientras más iba corriendo la música de Vivaldi y me 
dejaba llevar por las peripecias de la
acción que la ilustraba, más era mi deseo de que triun
faran los mexicanos, en anhelo de un imposible desenlace,
pues mejor que nadie podía saber yo, nacido allá, cómo
ocurrieron las cosas. Me sorprendí, a mí mismo, en la
aviesa espera de que Montezuma venciera la arrogancia
del español y de que su hija, tal la heroína bíblica, dego
llara al supuesto Ramiro. Y me di cuenta, de pronto,
que estaba en el bando de los americanos, blandiendo los
mismos arcos y deseando la ruina de aquellos que me 
dieron sangre y apellido."
                              
                                  De Concierto Barroco