viernes, 14 de abril de 2017

BEATRIZ VIGNOLI

Imagen relacionada




LA CAÍDA


Si te dicen que caí

 es que caí.

 Verticalmente.

 Y con horizontales resultados.

 Soy, del ángulo recto

 solamente los lados.

 Ignoro el arte monumental del sesgo,

 esa torsión ornamental del héroe

 que hace que su caer se luzca como un salto.

 Ese rizo del mártir que, ascendiendo

 se sale de la víctima

 y su propio tormento sobrevuela

 no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,

 caigo.

 No hay parábola

 ni aire, ni fuerza de sustentación.

 Un resbalón: espero. Al suelo llego

 por la ruta más breve.

 Un alud, una piedra,

 una viga a la que han dinamitado.

 No hay astucias del cuerpo en mi descenso.

 Se sobrevive: el fondo

 del abismo es más blando

 para quien no vuela, sólo cae.

 Si te dicen que caí,

 no vengas

 a enseñarme aerodinámica revisionista.

 No me cuentes de los que cayeron venciendo.

 No vengas a decirme

 que no crees que haya sido un accidente.

 En lo único que creo es en el accidente.

 Lo único que sabe hacer el universo

 es derrumbarse sin ningún motivo,

 es desmoronarse porque sí.


/recuerdo-de-los-libros-por-venir/

PABLO QUERALT


La imagen puede contener: 1 persona



apago la radio a la hora que empiezan los partidos
y salgo a la luz del color
camino y escribo
superposición del viaje
del otro sobre el uno
constituyendo el libro,
el camino;
avanzo en la fuerza de saberme muerto,
y recuerdo esta calle
del seductor mañana.

los chicos jugando a la pelota

ellos que entraron en el poema de la radio
picando picando
en su redondez
de otro libro.

de la caja de tabaco
los tesoros del niño:
encontrados, dejados
y traídos
a este espacio por su propio silencio.
  
se mete en la bolsa que arregla su dolor
camina rapido
su cara tras el polietileno
en su burbuja que no sabe de prudencia
mientras pasa la gente como en una película de Cronemberg.

                                  
                       de Un Seductor Mañana, Ed. Alción, 2004



                        🔺🔻🔺🔻



en ese neoparaíso de la niñez que Cézanne pintó
en mi sueño, nuestros detritus como detritus del día eran dulces
mermeladas de sierras de San Marcos
que la anciana revolvía en el allá de la olla
así
el día mínimo en las pequeñas cosas
“para muestra basta un botón”
y de reojo en el espejo entré en el abismo de la noche
y era agua del río de la misma memoria espuma de dicha que no pude olvidar
campo y agudeza donde el ojo se pierde
vamos subiendo la cuesta
en este jardín las flores son bombachas blancas, esta la de mi tía
estas diminutas las de las chicas de enfrente
cada cosa para lo que es dado
flor verde mantel rosa
y así el cementerio de los elefantes
van a morir a orillas del río porque allí las hierbas
son papillas para sus dientes gastados por los años

las galerías oscuras en el silencio todos durmiendo el corazón del día esperando
me levanté a ver en la rara luminosidad del parque los limoneros su perfumada noche las rosas cerradas en su viaje interior los naranjos el ciruelo se desprendían del cielo gotas de un rocío que tocaba el corazón
saludo a los pibes de la noche que siguen a las ninfas y espían a las náyades lavándose los cabellos en el agua azul noche del pueblo más allá de los damascos y los duraznos
andan las nubes revoloteando lo gris lo negro lo claro y esta lluvia
que cae como jazmines me lleva de vuelta al letto.


                                      De Pueblo de agua, Alción