martes, 11 de abril de 2017

CAMPBELL MCGRATH


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Primavera tardía

                             El reino de la percepción 
                             es vacío puro
                                                                                                                        Po Chü-i


1

He fallado en el deber de mi oficio.
Es un pequeño sacrilegio, una herejía menor.
La esencia del deber es esmerada atención
a la hiedra y a sus trazos sobre el rojo ladrillo,
a la acera agrietada, al optimista helecho,
las lilas tumbadas, pardas como granos de café,
las semillitas aladas que caen por millares de los arces,
revoloteando en el viento de Mayo,
y a las hojas mismas,
su verdor acreciendo en soleada madurez.
¿Para quién esta ofrenda,
y de quien obtenidas
estas cosas que caen,
ansiosos sus cuerpos sobre el pavimento?
Hay un nombre para ellas,
un nombre propio, ¿pero cuál es?


2

Todo el día me ordenaron
admirar la belleza de esta solitaria peonía
pero apenas ahora, bajo tardes estrellas
estrujo sus pétalos sobre mi cara.
Seda elemental disminuida a cenizas,
ruborizada ante el pincel del alba,
su aroma es un zarcillo
que conecta mi mente con la lluvia,
una raíz, un resinar, una estaca
buscando, lacrimosa, ramas
de los árboles en la primera luz
colmada de flores que parecen flotar
como candelas blancas en tiznadas farolas.
Esa es la descripción del deber,
¿pero quién es su agente,
el mundo o los sentidos?
Ahora la multitud de idiomas de los pájaros
rehúsa conciliarse
y nubes emergen como hormigas de la oscuridad
hacia la inevitable floración del día.


                              Trad. Francisco Larios
               


ÓSCAR OLIVA





MATERIA NOMBRADA


                   Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
                    aunque es de noche.

                                           San Juan de la Cruz


1

Tu desnudez añade a mi desnudez el ala requerida.
Qué bien sabemos el vuelo donde el azul mana y
 corre.
Sin pensarlo mucho he dicho sueño y sin quererlo he
tenido conocimiento de que bajo el párpado hay otra
desnudez, por añadidura donde el sueño
 comienza.
Encima pasan gentes, un jet, un relámpago a
 destiempo.
Pasa la carrera del verano.
Y pasamos nosotros a otro párpado.


2

Mientras te amo la selva de tus poros libera
pájaros de sal que hunden un ala
en mi pupila de. acecho;
y la otra en el aire arrodillado de tu cuerpo.
El pájaro que ha hecho nido en tu axila
se disuelve en mis labios y trago parte de tu alma.
La selva tiene algo de ti y de mí,
y nosotros dos tenemos algo
de los tres.


3

Nuestras voces se encuentran
como nuestros cuerpos
hundiéndose en la claridad
donde nada podemos ver
pero que al sentir
estamos viendo,
oyendo todo
pegados a esa oscuridad
que hablamos para no decir nada.



LUIS BACIGALUPO


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LOS HAMBRIENTOS


En ese campo pastan los hambrientos
con la caída del sol, bajo las estrellas,
cuando despunta el alba, encendidos
por el filamento del mediodía,
pastan allí en todo momento, fatigados
pero sin claudicar, pastan incluso cuando la
extenuación los echa en tierra y el sueño
los sume en un lago muerto.

Así son los sueños de los hambrientos
que no cesan de pastar.
Carecen de memoria de saciedad
por lo que abundan en un hambre eterna.

Es un campo rico en pastos blandos
y pastos duros
pero los hambrientos no hacen distinción.

Los pastos de ese campo crecen
en igual proporción en que son cortados
por la voracidad hambrienta de los hambrientos.

El pasto allí nunca escasea.
Que se den por contentos los hambrientos
(jamás por satisfechos)
y que pasten por siempre en paz.
El buen pastor vela
por realización sempiterna de sus pasturas.


LB(Buenos Aires, 1958). Poeta, narrador y editor.