martes, 4 de abril de 2017

GRACIELA CROS


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Pampa de Huenuleo



¿Hay sol ahí en Pampa de Huenuleo?

¿Hay sol ahí en Pampa de Huenuleo

o sólo hay frío, hielo y muerte?

¿Hay sol ahí

o hay mujeres arrojadas al descampado,

asesinadas, violadas, comidas por los perros?

Desaparecen mujeres

cerca de uno…
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Este es el texto de la presentación que hizo el poeta, escritor y editor Sebastián Di Silvestro anoche en la Escuela de Arte la Llave. Gracias Sebas.

"La Cros en Pampa de Huenuleo".

Pampa de Huenuleo. Peladero alto, árido y ventoso, embestido de frente por la tormenta. Planicie encajonada por las estribaciones de dos cerros y la barda de un río que serpentea el límite entre la cordillera y la meseta. Territorio devastado, fronterizo hacia adentro, aún bajo la custodia de un imaginario, diseñado a la medida de una aristocracia extinta.

Pampa de Huenuleo ¿cuántas almas te andan descalzas todavía? Madre ultrajada por los que se pretenden tus dueños. Omnipresentes, sádicos, grotescos, cuyo vicio es la sangre de los inocentes. Mujeres, hijos, padres y madres, muertos o por morir, para que el juego que juegan –los que insisten en cobrarse el derecho de pernada– no se detenga. Vejadas, sometidos, hoy, acá, ahora, en las cercanías que llamamos realidad, donde una voz que conocemos –y que de guachos nos viene inspirando– llega y se planta.

¿Hay sol ahí

o hay mujeres arrojadas al descampado,

asesinadas, violadas, comidas por los perros?



Desaparecen mujeres

cerca de uno.



En Arrayanes, Frutillar, Malvinas,

San Francisco, Omega, Pilar,

en Nahuel Hue, Mutisias,

El Maitén,

en los barrios,

diagnostican.



¿Y más allá de Pampa de Huenuleo,

en Jacobacci, Lipetrén, La Lipela,

en Mamuel Choique, Pichi Leufu, Comallo,

en Cuesta del Ternero, Somuncura,

Ñorquinco?





¿Más allá de Pampa de Huenuleo,

en la Línea Sur, también

diagnostican?



¿En Maquinchao, El Foyel, Los Repollos,

Blancura Centro, Los Menucos,

lejos de Pampa de Huenuleo,

diagnostican?



Y desaparecen,

desaparecen cerca de uno.



¿Los niños

que también desaparecen

duermen

en panteones del cementerio?



¿En garitas oscuras?

¿Ahí sueñan?

¿Ahí hay que buscarlos

vivos o muertos?



Es Cros. Está haciendo un piquete poético. Solita con sus palabras en medio de la ruta 40. Esa que el mítico Mansilla recorriera en sus versos encendiendo la mecha de la poesía entre Buta Ranquil y Chos Malal. Esta misma que tajea la pampa que da nombre al libro, la lamentada, arquetípica pampa, que en su mosaico poético es la de Huenuleo y siéndolo, es también el resto de las intemperies, nítidas por el hecho de tener nombres propios, poéticamente idénticas en su desolación.

Detrás de un nombre propio hay una historiay a mí me gustan las historias, escribió Cros y su poesía es urdimbre de ellas. Historias de personajes que muchas veces la tienen como protagonista y otras como testigo de cargo. Porque ve y no puede callarse, no quiere ser cómplice en un mundo que urge, un mundo de nombres propios que se multiplican en su obra, a través de los años y los textos–corporizados y reflexionando– en el caleidoscopio de una poética solidarizada desde su génesis con la condición humana vulnerada: la propia y la de todas las víctimas de un sistema opresor hundido en sus resabios, con las mujeres encabezando las más nefastas estadísticas.

Pero volvamos a la Pampa de Huenuleo en mitad de esta noche, veamos cómo se encienden fosforesciendo las viejas rastrilladas de los desterrados perdiéndose en la estepa, caminos que se cruzan con el presente, líneas de fuga que hoy son iluminadas por la poesía.

Aúllan los cimarrones, el basural exhuma la codicia y el hambre y en medio de la ruta, haciendo de su palabra hoguera, Cros sigue con el piquete.

Se habla a sí misma, describe, desentraña, los textos que secundan tremenda letanía, el abanico de versos que dan continuidad y profundizan las grietas abiertas en este descampado, poemas como suturas donde florecen sus exorcismos, para conjurar lo incomprensible, lo sufrido, lo impuesto: el paso del tiempo, la enfermedad, la muerte. Para plantarse terca como la queremos –en su sarcasmo material, en su sensualidad concreta– frente a las pérdidas que jalonan la experiencia, esos agujeros negros que se abren ante la perspectiva de aceptar lo que dejó de ser.

Bajita como es, sintiendo sobre el pellejo el peso de vivir al imperio, hace de tripas corazón, mira de frente y pregunta. Lo hace desde hace 50 años: contra la exclusión, la soledad, el desamor, la ausencia; contra la hegemonía del poder abusivo, contra los mitos y las prácticas, con las que pretenden negarnos a las personas el cuerpo y la palabra.

Con su dolor formula interrogantes que resultan evidencias. Hechos, lugares, situaciones, testimoniados desde una cercanía que no mira para otro lado. Poesía política desde sus orígenes, por incómoda, por cuestionadora, por cruda, por urgente; pero también por determinación, por fidelidad a su propio preguntarse, a su razón de ser en la constancia de la búsqueda.

                                           Sebastián Di Silvestro

                        Escuela Municipal de Arte La Llave. 
                        S. C. de Bariloche.
                        1 de abril del 2017.