lunes, 3 de abril de 2017

SANDRA PASQUINI


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                                    -a Oliverio, mi Hijo-


Potrillo mío desprendido de mi grupa
volcado de mi flanco
cuando entra la noche y dormido me nombrás
porque en tu sueño hay risas
y también monstruos de espanto
hasta allí llego yo disipando
con mi espada de San Jorge
cortando males en tu nombre
con mi melena de león macho/de madre hembra
soy la cabeza de Goliat cuando te pienso
y en ella caben todos los instantes/
Potrillo mío desprendido de mi grupa
pozo de luz en las entrañas 
pulmón resuello - sístole diástole
hagamos de cuenta que nada sabemos
de la tiranía del tiempo
del verdugo compás de los momentos
mientras toco el poema
con las ocho letras de tu nombre
y afino cada una de sus cuerdas
hijo/el miedo es un animal enfermo de rabia ladrando 
por la casa cada madrugada 
vuelvo a ahuyentarlo para que no nos toque 
para que no nos muerda
Potrillo mío desprendido de mi grupa
pulmón resuello - volcado de mi flanco.           

                                
     
                        de Lanzador de puñales sobre 
                                             silueta animada



ZULMA LILIANA SOSA


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CERCANAMENTE RELACIONADO
CON EL AMOR



I


la mujer masturba entre cenizas / su animalito muerto /
el mordisco en el cuello ( bajaba como una ausencia
entre la niebla )/ la caricia que se cerciora / està
mojada y de duelo / la piel / preparada para estar triste
en su canastita / la habitación ( como un golpe que desgarra
la soledad del orgasmo ) clausura: el amor dentro del
amor / si se acabara / si se acabò / si la oscuridad
pudiera desactivar el jadeo del orbital / y la làgrima
no fuera posible utilizarla( que se vaya)/ en el momento
que decìa / andate / andate/ pobre mimo desolado en su
metamorfosis / escribiendo en su pene / la echè / se fue.



II


todo lo contrario a la vida / ubica alrededor del hombre /
sillòn de sombra / ¿ todos esos hombrecitos eran suyos? /
habìa comenzado a heder / como un buen esclavo / que hace /
lo que se espera del amo /
asesinar la melodía de su vocabulario / cercanamente

relacionado con el aire.




SYLVIA CIRILHO





NEROLÍ

 En la hora de los dátiles

 los crepúsculos lentos
 los fervorosos sorbos al agua noble
 dibujan

 una espalda con alas de arena.

 tus palabras
             capaces de dar cuerda

 a cada uno de mis músculos.




UNA

La que mastica historias
cuenta
que si un varón está por amar
hace dibujos con prismas
abulta con gaitas la garganta
y hasta besar cuellos de cisne
imita a los gatos en celo
después
el muelle de su boca forma bahía
jamás deja esteros sin aguas.


             Pulpa a la hora de los dátiles
                             Textos intrusos, 2014.



MERCEDES ARAUJO




La isla

Las sombras, las palabras, han cambiado
el tigre camina entre peñascos
y riscos, es príncipe del pelo blanco,
yo le digo el capitán de los tigres,
hay otros que son manchados, pero estoy
tan cerca de mí que no sé si creer en lo que veo,
si cometo un error al distinguirlo
de algunos que tienen piedras rojas en el lomo,
piedras como manchas.
A eso de las seis de la tarde
el gato hunde su cuerpo en el agua
la sangre se le agita
y la flor de la glicina se enlaza a palos secos.
  

***

Te contaría que los pájaros que se habían ido, han vuelto,
y que ahora tengo el pico róseo, plumas timoneras y me dedico
por completo a la flor y el fruto del naranjo.
Hay algo que me ha dejado confundida:
el desconsuelo se ha vuelto mayor,
una cobardía que recién ahora conozco.
No he sabido ni podido entender
cómo es la partida de la luz cada día
tan distinta, cómo es que el mar descarga tempestades,
no había pensado antes en la sal blanca y cristalina
que en el agua se disuelve y en cómo el sol
brilla más sobre la sal que sobre el verde. Perro,
reptil, ave de presa, todo me sorprende
la fragilidad, las alas que se despliegan 
hay flores amarillas que vegetan en la cabeza
y en otras partes del cuerpo.


***

Con mi cola larga, lengua ancha, roja y bífida
mi aspecto marino es más temible que la herida
que puedo causar. Tengo que decirte, no hay nada en mí
que sea tan mortífero como parece,
me gustaría saber cómo es tu vida, si tus viajes
son amables y generosos, si encontraste el sosiego,
yo te contaría que se me ha dado por volar
y alimentarme de lagartijas.


***
  
Hay días en los que me hundo en el agua y no sé
si por influjo de la luna o por un simple movimiento del sol
puedo deslizarme sobre la tierra tan sinuosamente
como una serpiente con aros de color azul intenso
desde la cola a la boca, pero ese cuerpo de serpiente
pálido y embozado no soy yo,
quisiera poder aclarar cerca de tus oídos
algunas de estas cosas, me has dicho
que no es posible por ahora,
ya que las nuevas ocupaciones te llevan todo el día
y también que tu vida es mejor, más sólida.
No me hagas caso, simplemente podrías decirme
si es verdad que las escamas de mi cuero
siguen brillando a pesar de haber sido
arrancadas una por una, y que aún así
el cuerpo está contento con esta pequeña vida.


           La isla, Ed. Bajo la luna, Buenos Aires, 2010.




SANDRA ESCOBAR GINÉS


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escozor


trepa la carne
     ventrículos de cera
      que desangran las manos

Hay una clavija
un cerrojo
un cerco de silencios

     No puede escapar
      /o no sabe/

(tengo tu muerte / que me roba los ojos
en el mismo instante
con el mismo escozor
del haz de brea que ciega el cielo)




por ella bailo catalas


No importa
Con tu pincita de depilar
quitaste las pústulas de odio
que me provocaban náuseas en el alma

Divertite

Hay un universo
delante de tus manos
Y yo derribé mis murallas

 Ahora carreteo
Nadie puede
detener esta voz
que hace juegos en el aire




ellas son


Son esa probabilidad de flores de agosto
las de los aromos, por ejemplo
O esa presuposición de la naturaleza y las lluvias, a veces,
a pesar de las criaturas supuestamente humanas

Así el amor que se tienen

Ellas no son perfectas, no
Ellas son el descontrol y la nube de sal
El sosiego y la descortesía del tiempo
Son el silencio y la furia
Las orillas del cielo y el perfil del tsunami

Pero encajan
En esa ajustada proporción
de pasión sencillez fortaleza paciencia meticulosidad y olvidos
para aprender de una vez
el nombre encerrado
en la eternidad


/andapalabras

HORACIO ZABALJÁUREGUI


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SANTA BÁRBARA


Esa noche sacamos las sillas a la vereda.
Como todas las noches.
La respiración calcinada.
Los cascarudos hacen pogo bajo los faroles.
Cientos.
Las familias en auto
salen a dar una vuelta:
el saludo desganado, desde la puerta
mascullado apenas el nombre del paseante.
Día de bochorno y seca.
Las gallinas con los picos abiertos y el ojo de miel,
desencajado.
El viento norte levanta polvo radioactivo.
No se apura el resto de cerveza;
queda tibia en el fondo del vaso.
Sacamos las sillas a la vereda
pero no hay fresca.
Habrá tormenta,
será inolvidable:
“Santa Bárbara, bendita
que en el cielo estás escrita”
se persigna mi tía.
Súbitas sierpes de luz
en la bóveda de la noche:
galerías de refucilos
estampados
sobrenaturales
en el recuerdo.
El agua no llega
y la sequía raspa el aire inmóvil.
Que no llegue por ahora;
que se resquebraje el cielo,
fulminado.
Que se astille en un laberinto de relámpagos.
(La iglesia, está a la vuelta, tiene pararrayos.)
Los truenos rezagados
empiezan a templar el parche por el oeste.
Yo sabía que primero era la luz
y después, la garganta tonante del cielo.
De pronto un relámpago
dibuja mi sombra contra la pared.
Mis tías invocan a Dios
y entran las sillas.
“Dios se agarró flor de tranca”, pienso,
pero no lo digo:
susceptibles si los hay,
los creyentes.
“No voy a entrar”, digo
fascinado;
voy a ver para encofrar
esta corona de luz,
virulenta
que a mano alzada
labra Santa Bárbara.
Líneas en la entraña oscura
del verano,
lo que queda
en la red del sueño.
Al fin de la noche,
los desfiladeros de la lluvia,
su piadoso manto,
animarán
la fiesta de las ranas.