domingo, 15 de enero de 2017

CÉSAR SECO


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IV


Cuánto nos preparamos para esto.
En lo alto de la proa lo que se respira es oquedad.
Cada uno escribió su propia carta al único mundo que tuvo
y quizá no vuelva a ver.
Se nos olvidó adónde íbamos,
se nos olvidó incluso la fatiga de aquellas
que nos recibieron en el aceitado opio de sus cuerpos.
Cuándo volveremos a ver la antorcha y la bahía.
Alud de desperdicios. Corazón podrido de la manzana.
¿Quién nos trae de vuelta en bolsas negras codificadas
al verde pasto, al silencio de unas cruces blancas?
Cuántas veces creímos estar nuevamente partiendo.
Cuánto pagamos, cuánto para que fuese cierto.
El cielo pesa lo que una muralla invertida.
Todo ha oscurecido en el vientre de una tempestad muda.
Mi vida recalaba en todo esto
y en los horizontes que borró.
Invisible

La noche que caminamos apenas comienza
Juntos la hemos traído hasta aquí
Ya no hay más, dejé de mí cuanto era
Estos días ya no tienen mis pies
Lo que borran detrás es hilo indiviso
Trozo de nadie, escalera sin sostén
Escucho el agua como nada escucho venir
Allá arriba el lobo aúlla
Pasadizo en sus ojos no hay
En su pelambre no hay luna
No hay de dónde saltar
Aúlla allá cual si una mano sustrajera una
Estrella


                           De El viaje de los argonautas



JORGE CASTRO VEGA


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NERVADURA DE  HOJA SECA


La juventud es una porrista de las más sensuales.
Y también la más perversa.

Te presta atención
 por un verano
– pero es tu automóvil
lo que en verdad le importa-
porque su novio (el capitán del equipo
 de alguna cosa) se ha ido un mes
a  un sitio cuyo nombre son puras  consonantes
a un certamen de Mrs. Mundo o a uno de esos
talleres donde te enseñan a controlar la ira.
Músculos regresará
–regresa; en el otoño
me dicen los amigos.

Y ella
se desvanecerá
con  sus colores de virgen medieval
y  con tu convertible rojo de cartón
del cual todavía no pagaste ni una cuota.
Pero ella no desaparece
súbitamente. Camina
de espaldas y el viento no se anima
a mover sus faldas.
Paso a pasito
como si el camino
no tuviera apuro.
No nos deja
por el  levantapesas,  ni por nadie.

Nos deja por ella
y por nosotros: ella
la menos discreta de las acompañantes
que ahora oculta su rostro
y prefiere
no decir adiós.