sábado, 14 de enero de 2017

ROBERTO THEMIS SPERONI


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He tomado la última semana...


He tomado la última semana
del mes de abril para morir intacto,
cerca de mi lugar, con los abrojos
que encierran una estrella en el tejido.

Los hombres como yo, deben morirse
aferrados al ser de la resina,
a los formones y a las alcayatas;
a todo aquello que en la vida fuera
signo de su vejez y su principio.

Debe ser en abril, porque en el campo
abril es un espejo de oro seco,
y las ovejas tienen las pupilas
abiertas al cristal y al duro frío.
Y, además, porque el cuero fue a galpones
y hay fiesta en la cocina y en la altura.

Debe ser en abril. De otra manera
yo no podría ver a los labriegos,
ni a mis hijos en torno, ni a mi rostro,
ni a tanta cosa que en abril fue mía.



JOTAELE ANDRADE


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El gozo y el desgozo


nadie dijo la vida

y ella sucedió del modo en que la molécula
o el átomo
o la energía
o todo eso junto sucede

como un pensamiento que se desprende
de un júbilo anterior al júbilo
anterior a lo que crea el pensamiento

yo no haré otra vida

yo soy vida que nadie ha dicho
pero expulsada del misterio

una copia densa
una tontera de padres poco afectos a la profilaxis

un metal que se va desgastando
contra su memoria



GABRIEL FERRATER


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Habitación de Otoño


La persiana, no del todo cerrada, como
un retenido espanto de caer hasta el suelo,
no nos aísla del aire. Mira, se abren
treinta y siete horizontes rectos, finos,
mas los olvida el corazón. Y sin nostalgia
va muriendo la luz, que era color
de miel, y ahora es color de aroma de manzana.
Qué lento el mundo, qué lento el mundo, qué lenta
la pena por las horas que se van
aprisa. Dime ¿te acordarás
de esta habitación?
«La quiero mucho.
Aquellas voces de obreros... ¿Qué son?»
Albañiles:
falta una casa en esta cuadra.
«Cantan,
Y hoy no les oigo. Gritan, ríen,
y hace raro que hoy callen».
Qué lentas
las hojas rojas de las voces, qué inciertas
cuando a cubrirnos vienen. Soñolientas,
las hojas de mis besos van cubriendo
los escondites de tu cuerpo, y mientras tú ya olvidas
las hojas altas del estío, los días
abiertos y sin besos, en el fondo
recuerda el cuerpo: aún
mitad es de sol tu piel, mitad de luna.



                      Trad. José Agustín Goytisolo 


                         de Habitación de Otoño, Barcelona
                                              Seix Barral, 1968



HEBE UHART


Uhart


Una se va quedando

Justo a mí me tenía que tocar; porque me pasan todas.
Volvía de una reunión en el pueblo donde remueven los perendengues de abajo para arriba, que las actas volantes,
que el registro anual de matrícula... Si
yo tengo veinte alumnos y los veo venir desde una legua. Y después ellas me miran desde los pies hasta el turbante, no

soy turca ni hice…pdf



PERE GIMFERRER


Pere Gimferrer: «Prohibir los toros atenta contra la libertad»


Canción para Billie Holiday

                  
            Y la muerte
                       nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono

Con careta antigás daba un beso a los niños

Lady Day las gaviotas heridas vuelven a la luz del puerto
Extraña fruta en el aire el crepúsculo se ausenta
Con una espada con un guante con una bola de cristal
la pecera magnética la cueva del pasado el submarino bajo las
           mareas que fulgen
Lady Day cuánto amor en una juventud cuántos errores
           cuántas tardes hablando qué deseo qué eléctricos
           jazmines
cuántos cow-boys muertos como trovadores la sonrisa en los
           labios que se tiñen de sangre
los gritos en las calles las manifestaciones disueltas bajo el
            arco voltaico del poniente y los lóbregos edificios
            irreales
Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas
Lady Day qué despacio nos viene la experiencia todo cobra un
          sentido se ordena como el paisaje en los ojos cuando
          recién despiertos corremos las persianas
o intentamos ordenar las palabras de un
                          poema
                                 Lady Day
Animales heridos en el bosque nuestros ojos qué piden qué
           desean
qué desea esta voz en el viento de otoño un lebrel o su presa
            disueltos en la fría oscuridad del tiempo
escamoteados como naipes de una baraja los años de nuestra
            juventud
Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido.



                       De Extraña fruta y otros poemas
                                                1968 - 1969



JENARO TALENS





Agonía


¿Una droga será? ¿Será una daga?
¿Una cuerda o acaso mi pañuelo?
¿O me abriré las venas sobre el suelo,
o será un áspid quien mi piel deshaga?
.
Para ocultar mi cancerosa llaga,
¿me vestiré de seda o de terciopelo?
¿Me quedaré desnuda bajo el cielo
como una caracola que se enjuaga?
.
¿Resbalará por un acantilado,
por una torre o un pozo el corazón
que tiene su latido amortajado?
.
¿O se hundirá en tu boca, ensangrentado
como un pez, sacudiéndose le arpón
que tan traidoramente le has clavado?



PAULA JIMÉNEZ ESPAÑA


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Las madres errantes


Mis vecinas buscan a sus hijos al salir del colegio
y en los jueguitos del amenity
mientras hablan de cosas que ignoro, son las madres
que veo cada tarde detrás de mi ventana
(después de un tiempo, algunas
terminan pareciéndose).
Cuando mi tía murió, mi prima
me llamó por teléfono. No me dejó llorar
dijo: “Así está bien, sufría”.
Hay quienes se suicidan
a poco de perderlas o mueren como Barthes
en un accidente tonto, inexplicable.
Cuando era chica pensaba
que no podría sobrevivir a su muerte
y todavía no lo sé. No creo
en las convenciones, pero ese día
su día
la visito y le llevo un regalo, a veces dos.
Una primeriza me explicó que el amor
a su hijo era enamoramiento, metejón
que no se le pasaba.
Yo separé a mi gato de su madre
cuando tenía dos meses.
Ella lo olvidó y al verlo años después
mostró su garras y sus dientes
por defender un plato de comida.
Cuando vuelvo de un viaje
mi gato maúlla
como quejándose de mi ausencia.
Mi perro fue su madre y yo lo soy
de mis plantas cuando las riego.
Todos los días las mujeres dan
hijos en adopción y durante meses
supieron lo que irían a hacer.
Algunas meten la cabeza en el horno
y se desligan definitivamente.
Están las que se quedan y amenazan
con morir de un síncope.
Cartonean, ganan concursos de belleza,
roban carteras en el subte, hacen mènage à trois
son arrojadas a los basurales o al costado de las vías de un tren.
Hay madres que están solas y desean. Hay otras que desean.
Los astrólogos hablan de la energía de la luna. Pero la luna es blanca
y es perfecta. En la tierra las madres tienen imperfecciones.
Y yerran, como un buscapié
con la ilusión de un centro.
Burbuja, pistilo hermafrodita, todas
ansiando el trono
que como el aire rojo de una noche de amor
permanece vacío.