domingo, 8 de octubre de 2017

MARIO BELLATIN

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“La última vez que visité los Baños, recordé una
historia que me contó un amigo cierta noche en
que estábamos esperando hombres en una avenida
bastante transitada. A mi amigo le gustaba vestirse
exóticamente. Siempre usaba plumas, guantes y aba
lorios de ese tipo. Decía que algunos años antes su
padre le había regalado un viaje a Europa, donde ha
bía aprendido a vestirse de esa manera. Pero parece
ser que aquí no se apreciaba muy bien esa moda y mi
amigo se quedaba muchas horas de pie en las esquinas.
Ni siquiera los patrulleros que rondaban la zona lo lle
vaban a dar la vuelta de rutina. En ese momento me
acordé de aquel amigo porque en una ocasión me con
tó que su padre acostumbraba a ir a los Baños a pasar
los fines de semana. Se trataba de otro tipo de Baños
de Vapor, de alta categoría y no como los del japonés.
Me dijo que en una de sus primeras visitas los mismos
amigos del padre abusaron de él en una de las duchas
individuales. Mi amigo no tenía entonces más de trece
años y el miedo hizo que no hablara de lo sucedido.
El caso es que estos Baños son distintos, porque a di
ferencia de los que frecuentaba el padre de mi amigo
aquí todos los usuarios saben a lo que van. Cuando se
está cubierto sólo por las toallas el terreno es todo de
uno. Lo único que se tiene que hacer es bajar las esca
leras que conducen al sótano. Mientras se desciende,
una sensación extraña comienza a recorrer el cuerpo.
Después los cuerpos se confunden con el vapor que
emana de la cámara principal. Unos pasos más y casi
de inmediato se es despojado de las toallas. De allí
en adelante cualquier cosa puede ocurrir. En esos
momentos siempre me sentía como si estuviera den
tro de uno de mis acuarios. El agua espesa, alterada
por las burbujas de los motores del oxígeno y por
las selvas que se creaban entre las plantas acuáticas,
se parecía al sótano de estos Baños. También vivía el
extraño sentimiento producido por la persecución de
los peces grandes que buscaban comerse a los chicos.
En esos momentos la poca capacidad de defensa, lo
rígidas que pueden ser las paredes transparentes de
los acuarios, eran una realidad que se abría en toda su
plenitud. Pero aquellos son tiempos idos que nunca
volverán. Actualmente mi cuerpo esquelético, invadido
de llagas y ampollas, me impide seguir frecuentando
ese lugar. Otro factor importante para considerar a
quello como cosa del pasado, es el ánimo que parece
haberme abandonado por completo. Me parece impo
sible haber tenido en algún momento la fuerza nece
saria para pasar tardes enteras en los Baños. Pues
aun en los mejores tiempos de mi condición física,
salía de una sesión totalmente extenuado.” 


                      De Salón de belleza, Tusquets, 2009