lunes, 10 de abril de 2017

REYNALDO JIMÉNEZ






Ductódromo
 
Cuánto condice con la hoguera que un astro sofoca
allá en la telépata oscuridad tatuaje afuera del poro
lumínico estambre durante el rapto hasta la médula
de aquella risa que trepa enredándose como el pan
dibujada por las orillas del anhelo con su infrángel

Cómo es la risa cuando se atasca entre los labios
la encía ríspida en la respiración muscaria cuando
los bronquios se sacuden del pánico a una punta
cualquiera como voces que se despegan del muro
durante el receptáculo del más ínfimo asesinato

Ahí donde abrir sucede al tajo pero el raptor no
se confunde con su bolsa de gatos ajusticiables
ni sonríe lentamente a la profecía que se desnuda
a través del conteo sistemático por donde muere
de amor el viudo de sí que se tragó la lumbre

Como una espada flota sobre el espacio virgen
cuyo espesor de soplo en la nuca trae la estrella
que viene a sacarnos del enfriamiento cordial
del cobayo agazapado en la cuenca del cráneo
apoyado al filo de la mesa de luz que nos lee

Ser transparencia del hambre propio de ese amor
en cuanto conduce hacia las pistas del silencio
por donde corren infatigables como ancestros
sobre la línea de fuego la que cruzándola surge
a través o entrando por la carne mientras tiembla

Sólo ahí en cuanto escucho llegan tus manos
para hundirse en lo que ignoro de este cuerpo
en lo que implora estupefacto como un actor
desleído en la letra de su despacio
para espanto puro de entes mentales y maduros