viernes, 3 de marzo de 2017

ROSA GRANDA


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CADENA SEMEJANTE
A LA ALIMENTICIA



I.


De repente abrí los ojos y pensé en lo particular del caso. Es casi seguro que lo he soñado. Ubiqué un par de sandalias bajo la cama y bajé ambos pies con movimientos premeditados. Había una puerta hacia mi derecha (era en mi sueño la puerta del baño, recordé), allí me dirigí. Nunca quise interrumpir el curso de la noche, cerré los ojos y caminé pensando en que pronto volvería a la cama.
Al amanecer la habitación estaba perfectamente proporcionada. No sé si pueden verme porque nunca han estado aquí. Estuve un rato contemplando la inutilidad de mi mano derecha, el brazo en general era inútil. Con la palma extendida separé ligeramente los dedos y esperé. Cuando los movimientos cesaron del todo no tenía más que contarlos, no pude hacerlo, de modo que no lo hice.



II.


simplificación burda
El enorme reloj (tal vez exagero en la proporción) marcaba las tres con veinte. Tres con veinte de la tarde, a quién se le habrá ocurrido ponerlo frente a mi cama.
Estuve un rato contemplando la inutilidad de mi mano derecha, todo el brazo en general era inútil. Con la palma extendida y los dedos ligeramente separados esperé la respuesta de un nervio, de algo que advirtiera mi condición humana. Fuera de toda sensación de movimiento, luego pensé, que más bien la percepción me era indiferente.

Sentí frío a pesar de la luz que alcanzaba mi cabecera, ese frío ya era algo. A esto se sumó un hormigueo. No alcanzo a verla pero sé que está ahí, entre el colchón y las sábanas, inmensa (esta vez la proporción puede ser justa). Yo quería ir al baño, y de hecho eso hice. Todo es ahora tan relativo. Qué va, ahora que lo pienso tuve que haber estado en otra habitación, tuve que ser yo en otro tiempo. Aquí, el simple hecho de levantarme implicaría un esfuerzo que no está en mis manos realizar.