viernes, 10 de marzo de 2017

LEOPOLDO TEUCO CASTILLA





LORO

                                  A Edgardo Diez Gómez


Esa flor sacrílega, habla.
No imita, habla
y desea el vino, las mujeres y el pan de los hombres.
Ese es su secreto.

Avanza por el aro
                      y cierra el círculo.
Entonces chilla, igual que ellos
cuando eran pájaros
o canta, como las campanas,
con el pavor de tener dos almas.

Mientras ellos repiten lo que él dice, ríe
y se pica el pecho
y se lo parte,
ríe a carcajadas
y se pica, a fondo el corazón
                                 para que el secreto salga.

                                                        De El Amanecido