domingo, 29 de enero de 2017

GERMÁN PARDO GARCÍA





A CARLOS PELLICER

En tu amistad abierta cual tu mano,
dejo este libro de acres esculturas,
altísimo poeta que maduras
en tus sienes el trigo mexicano.

Tú le darás el cocimiento humano.
Brisas de tus doradas andaduras.
Hilos de tus indígenas costuras.
Misericordia de tu sol cristiano.

Amigo que en mis ámbitos describes
telescópicos vértices y escribes
en toda espiga, el pan que te aletea

en los pulsos de atléticos descansos:
toma este libro de agua sin remansos,

que tu aire individual limpia y orea.



AL ÁNGEL NUCLEAR

Resplandece de hidrógeno y su llama
lo inviste y jerarquiza y lo carbura.
En el centro brutal de la estatura,
motorizado el corazón le brama.

¡Quiero morir!, atormentado exclama.
¡El fuego me enceguese y me tortura!
¡Oh lívida mecánica, oh pavura
que en átomos su cólera derrama!

Quiere morir, pero incombusto vuela.
Y al arrastrar la propulsora estela,
encumbra al sol su enfurecido ruego.

Y cuando el astro nuclear lo incauta,
los ojos del terrible selenauta
se transforman en bólidos de fuego.