martes, 24 de enero de 2017

ESTELA FIGUEROA


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La guardiana del hogar

Los dioses del amor
son tramposos.
Me asignaron como pareja
a un hombre vampiro.
De manera que me vi obligada
a clavar una estaca en su corazón
reducir su cuerpo a cenizas
y esparcirlas fuera de mis propiedades.
Quedé a cargo de la descendencia:
dos pequeñas larvas de medusa.
Devinieron medusas.
Abandonaron el hogar
por el río
hacia el mar.
Así fue como quedé sola
rodeada de una hermosa vegetación
de cañas que hacen música con el viento
de un oleaje que dibuja paisajes de ensueño.
Todo esto
haría feliz a cualquiera.
Pero no a mí.
El cuidado del hogar
me demanda grandes esfuerzos.
Vivo extenuada.
Cada tanto
algún domingo
las medusas vienen a verme.
Se sientan a la mesa
son torpes ¡Tienen tantos bracitos!
Desparraman la comida
se caen de las sillas
rompen las copas.
Ríen y me golpetean
como cuando eran larvas.
Esto es para nosotras
un almuerzo en familia.
Haga lo que haga no tengo chance.
No puedo retenerlas.
Vuelven a irse
por el río
hacia el mar.