martes, 1 de noviembre de 2016

OSVALDO COSTIGLIA



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INSTRUCCIONES
PARA UNA CRÍTICA A UN POETA MENOR

             Aguardábamos la palabra. 
             Y no llegó. No se dijo a sí misma.

                              José Ángel Valente

Di, alguna dicha alimentó su vida
pero nunca supe cuál fue.
De todas maneras, a su poesía no llegó,
con todo ese aire envejecido
del que mira desde lejos los márgenes,
recogiendo algunas flores,
dejando que su mano se moje
en la espuma del agua,
en el enigma de las distancias.
Di, lo vi empequeñecer en su sonrisa
En clave de pena,
como si esperara en vano una estrella
en el vivac de vientos de la hoja,
o aprisionara una poética errada
bajo su almohada.
Di, anudó migajas de la memoria,
casi rozó el misterio, tuvo miedo
y se hundió.



DESMEMORIA

                          A Paco Urondo

La isoca en el trigal, o algo así,
alguna plaga en las cabezas
del país trigal, moviéndolas,
las cabezas, de un lado a otro,
como si algo se moviera, como si pensaran
algo y vos buscando entre los viejos
rejuveneciéndolos en la revoluciones,
pasado de revoluciones
antes de empezar.
Tus pasos de samurái
cuando ya no hubo joda
cuando les dijiste que nunca la hubo.
Ahora, que tristeza
nos disponemos a olvidar,
justamente nosotros,
bañados de oscuridad
y luz de ausencia,
justamente ahora y con un hilo de voz
no más ancho que el filo de un cuchillo.



RIMBAUD SE DESPIERTA EN HARRAR

la boca que no emitió ya verso alguno
la mano que se llevó sus anillos
por caminos calcinados
trocando la luz de las iluminaciones
por aquella de Abisinia
la mirada perdida
terminó allí ese cruzado de la lucidez
que se vió una temporada en las llanuras suavas,
en Bizancio o en las hechicerías profanas
de las ternuras por el crucificado
un leproso sentado contra un muro roído por el sol
ahora no sabe que preguntar al lastimoso hermano
replegado en la hendidura
que nunca más nombró
en esta insólita mañana helada
cuando siente que lo llama el jefe de los caravaneros.