viernes, 26 de agosto de 2016

JULIO PAZOS


Resultado de imagen para Julio Pazos


Experiencia


Mirar el cuerpo dormido causa horror:
allí la cabeza desprevenida
como el gran nimbo inmóvil
ajeno al esbelto pecho del cielo;
allí hombros y brazos,
abandonados maderos
en las afueras del bosque;
allí las piernas,
cordilleras erosionadas
en la vastedad del desierto.

En la curva del tiempo
el cuerpo dormido
es otra nave viajera.

El horror se disipa
cuando el cuerpo dormido
entra en el ritmo de la transformación:
allí es cándidas rosas que cantan,
allí es banderas altivas
sobre frondosos aguacates;
allí es cuerpo dormido que asciende
como el humo del incienso
en la procesión matutina de barrio;
allí se multiplica
en ristras de piñuelos
suspendidas en arcos de espóndylos calcifer
iluminados con la luz de cualquier mañana.




FRANCISCO COLOMBO


Resultado de imagen para francisco colombo poemas


El otoño


El vuelo del ave cierra la tarde. Es la hora en la cual San Francisco, el de Asís, el anticipador de la Ecología, sale en la noche y asciende a cada árbol para darle su aliento tibio a la rama solitaria, al gajo mudo, a cada palito triste y una vez abajo, en el pastizal o en el ribazo, de entre sí barba hermosa nace una voz que dice: “-Oh! Mis pequeñas matas tan perfumadas como el heliotropo; mi grillo musical; mi lombriz ciega, alcancía de la lluvia y pulmón de la tierra, dormid, queridos míos, dormid hasta la fiesta que viene! y esta abeja, con su motor a toda vela, cruza el aire llevando fiel el último polen a su celda hexagonal, a su fragua  de amor y de vida. Gracias Dulcinea, por darnos tu miel y tu ejemplo.

No me lamento por las hojas que caen, por tanta música quieta. Sé que esa hoja es el único oro que sirve. Sé también que ella guarda en su seno el humus del cual surgirá victorioso el árbol de mañana. Por eso escribo contento todo esto. Hoy, aquí, en Córdoba.