martes, 7 de junio de 2016

GUILLERMO ORSI





Cuando un fascista muere de viejo


Cuando un fascista muere de viejo se oculta el 
sol en el lugar exacto de su entierro. Callan los 
pájaros y se detiene la brisa, el mundo en ese 
instante se queda sin aire. Enmudece tu guitarra, 
poeta combatiente, y se borran súbitamente las 
páginas heroicas de tu historia.

Cuando un fascista muere de viejo trepan a sus 
astas las banderas del atropello a la dignidad 
de hombres y mujeres que pelearon por justicia 
y libertad. Arde el reseco odio de tantos 
fascistas que lo lloran y saludan, crepitan las 
páginas del ocultamiento y la mentira, resucitan 
los asesinos de esperanzas, echan a volar las 
campanas de la impiedad y el hastío.

Cuando un fascista muere de viejo y el ama de 
llaves del infierno prepara las cobijas que 
arropen su putrefacción, algo ha fracasado.


Cuando un fascista muere de viejo nos miramos 
al espejo y ya no nos reflejamos: nos vemos tal 
cual fuimos.