jueves, 5 de mayo de 2016

IRVINE WELSH

GUILLERMO ORSI





O CUENTO PARA QUE SUENE UNA MÚSICA


¿Es trabajo escribir? Y si lo fuera, ¿qué? ¿Debe alguien 
pagarnos por ello?
Preguntas de este tipo proliferan en la pedorra noche existencial como lo que son, fuegos de artificio, petardos multicolores que se extinguen entre explosiones de ira, felicidad y desconcierto.
Me siento y escribo –o lo hago de pie, como Dostoievsky, atormentado por sus crisis hemorroidales. ¿O era Chejov? Un ruso, seguro. El vodka y los fermentos hacen estragos en la mucosa rectal.
Si nadie me paga, ¿escribo? Y si me pagan, ¿qué escribo? Vos tendrás tus respuestas, yo no. Si las tuviera, no escribiría.
Pero no sé de qué se trata, quién es quién en la galería de celebridades y de anónimos, qué forma es superior a otra, qué mentiras encubre una ficción que indaga en la verdad, por qué pasillos malolientes de un hospital abandonado vaga el último paciente de la locura.
¿Vale lo que cuento? O cuento para que suene una música, unos compases que golpean a tu puerta por la noche, una mujer desnuda que se desliza en tu cama sólo para desvanecerse al primer abrazo.
Un hombre ha muerto esta mañana en Amaicha del Valle, Tucumán. Plena montaña, al borde de un arroyo seco. Lo encontró un arriero y sentó su cadáver sobre una piedra blanca. Al trepar el sol sobre el altar del mediodía, el muerto miró al arriero para recién entonces cerrar los ojos.
“Ceremonias de la soledad”, murmuró el arriero y emprendió el regreso a su rancho de piedra y adobe.

La mujer desnuda –él no lo sabe- lo visitará esta noche.





/guillermoorsi

VICENTE BATTISTA













El mejor amigo


Todos la deseábamos, pero ni siquiera nos atrevíamos a mirarla: Virginia era la mujer del jefe y nosotros conocíamos muy bien las reglas del juego. Ella nos trataba con desprecio. Sólo reparó en mí cuando el jefe le regaló el cachorro. Hay quienes aseguran que lo del perro fue un capricho de ella, otros afirman que fue una idea de él, como todo. Lo cierto es que una tarde en la casa grande apareció el bulldog, ya de pequeño era feo y fiero. El jefe le buscó un nombre humillante.

–Lo llamaremos Pimpollo –ordenó y se echó a reír.

Todos reímos. El se dirigió a Virginia y agregó:

–Ahora tendrás compañía. Acaricialo.


Virginia repitió: Pimpollo, y comenzó a acariciarlo. Estábamos acostumbrados a eso: jamás…pagina12

PABLO PICASSO

HORACIO CASTILLO





Arte poética

Soltar la lengua, de manera que no trabe el producto
que viene desde adentro, impulsado
por una fuerza superior
y el hábil juego de riñón y diafragma;
insistir presionando los músculos
como para expulsar
un caballo o un cíclope;
repetir el procedimiento
provocándolo inclusive con los dedos
o una materia acre,
hasta quedar vacío, sólo reseca piel,
odre para colgar del primer árbol,
extenuada matriz de lo volátil, acaso de la luz.




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En el muslo del dios

En el muslo del dios, de padre libidinoso
como todos los padres y madre, ay, fulminada
me dispongo a nacer. ¿Pero qué me trajo aquí,
a este lugar secreto donde estoy a cubierto
de toda duda, de los que exigen la prueba
que nadie puede resistir –lo patente– y se exponen
al rayo? ¿Quién me trajo aquí, lejos de todo celo,
de los que un día me despedazaron y cocieron
mis miembros en un caldero o, según otros,
–y es lo que yo creo– me condenaron al polvo?
De todos modos no podían contra mí, contra
este doble corazón que alguien prestamente recogió y lavó y guardó,
a expensas del cual ha sido reconstituido
mi segundo cuerpo, animado por la misma alma
que permaneció tres días en la profundidad del infierno
–mi alma, que la muerte no pudo corromper
y que ahora, escondida, espera la verdadera ebriedad.
Porque sin despedazamiento no hay redención, sin muerte
no hay conocimiento, y traigo como prueba este cesto de uvas,
el misterio de la planta que nace de la ceniza
y crece y se expande y ofrenda al Universo
una nueva savia: gozo, no expiación.
¡Santa luz del día y torbellino celeste
de una nube viajera: danzo, luego soy!
Y tú, ternera de la tiniebla, alza también el pie,
salta, brinca, muerde, hinca, rompe, grita,
grita conmigo, el grito que te hará nacer.
Yo he vencido al mundo: alzo el tirso y el agua se convierte en vino,
bajo el tirso y se multiplican los panes y los peces,
y una vid infinita se ramifica entre las galaxias
y colma de pámpanos el sol y las demás estrellas.
A su sombra se ha tendido la mesa, se han dispuesto
el pan y el vino y nos aprestamos a cenar:
tomad y comed, éste es mi cuerpo,
tomad y bebed, ésta es mi sangre.
Ya está en llamas la perfumada cabellera,
arde la corona de hiedra y las hojas, crepitando,
se convierte en espinas; pero el vinagre sabe a miel,
y un río de flechas corre hacia el centro mismo de la Cruz.v Tomad y comed, éste es mi cuerpo
tomad y bebed, ésta es mi sangre
y tú, perra del Paraíso, alza también el pie,
ríe, canta, gime, danza, sueña, sangra,
sangra la sangre sin principio ni fin, sangra, sangra.






HELMUT NEWTON



               New York, 1973





                 Mónaco, 1987


       

       













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