lunes, 11 de abril de 2016

MICHAEL SHARKEY




Poema para traducirse a cualquier lengua


Yo beso tus sobacos
y tus ojos,
y cejas,
dedos, huecos de la nariz,
y también
pongo mi lengua
en tu oreja.
Me place.
Entonces tu espinazo recibe atención:
Beso tus vértebras,
tus caderas,
tus omóplatos.
Tu vientre consumirá mi concentración.
Me entregas tus miradas
que queman mis labios,
los dos.
¿Cómo puedo hablar libremente de tus pechos?
Aguacates calientes.
Lo que me gusta de tu cuello
es tu cabeza sobre él,
riendo.
Devuélveme mi lengua,
la dejé en alguna parte de tu pelo.
Mi lengua se te acerca una vez más,
y se rinde,
jadeando, acostándose a tu lado.
Y mi lengua busca otras cosas de ti,
también mis dientes
que muerden tu perfume,
y tú te has ido.


                  Trad. Mariluz Suárez Herrera



RAÚL BECEYRO

JUAN GELMAN

CARLOS CASARES


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EL JUEGO DE LA GUERRA

(cuento)

Carlos Casares (España, 1941-2002)


Lo echaron a suertes y me tocó a mí. Creo que hicieron trampa, pero me callé. Me dijo el Rata: «Vete». Yo no quería ir, digo la verdad. El Rata estaba loco, según decía mi madre, pero yo pienso que no estaba loco, que era atravesado y de mala ley. Por segunda vez me dijo que fuera y fui. La casa de don Domingo quedaba lejos, a unos dos kilómetros aproxi­madamente. Tuve que dar un rodeo para no pasar por delante de la zapatería de mi padre. Al principio pensé: «Me voy para casa y ya está». Pero tuve miedo. Además hacía calor y en casa en verano no se aguantan las moscas.
Llegué al chalet de don Domingo y llamé a gritos:
-¡Zalo!
Ladraron los perros, esperé un poco y volví a llamar:
-¡Zalo!

Cuando apareció, enseguida me di cuenta de que venía de dormir la siesta. Me dijo: «¿Qué pasa?». Yo le dije: «El Rata te espera en el río. Cogió una mariposa muy bonita y dice que vayas pronto, que te.../juego-guerra






EDUARDO GONZÁLEZ VIAÑA





Siete noches en California

    
Eduardo González Viaña




 La víspera de Corpus Christi, Leonor soñó que saltaba vallas perseguida por un toro de color dorado, y a la mañana siguiente se alegró mucho porque eso significaba que llegaría a cruzar la frontera de los Estados Unidos.

Por extraña casualidad, aquella noche, su marido tuvo el mismo sueño con la pequeña diferencia de que el toro era él, pero de todas maneras se sintió contento porque durante toda la noche no había cesado de escuchar los halagos de los espectadores sobre su regia planta, su lomo dorado y su gigante cornamenta.


Siete noches anduvo la pareja metida en esos extraños sueños compartidos, pero ninguno de los dos llegó a saber que los compartía porque hacía diez años que no se hablaban. Ese mismo tiempo hacía desde la primera vez que ella le había pedido el divorcio, pero Leonidas.../SieteNoches








HUGO GOLA


Hugo Gola 2

Hugo Gola, cumpleaños 87. ¡¡¡Te Celebramos a la distancia!  http://t.co/f91RdRnQYa






Para ti, ¿qué tipo de vida debe lle­var un poeta?


Per­sonal­mente pre­fiero un tipo de vida dis­tante de los cír­cu­los lit­er­ar­ios, fuera de las dis­putas y de las pequeñe­ces que los car­ac­ter­iza. Me gusta más la retrac­ción y la soledad que el ruido o la con­cil­iación por con­ve­nien­cia, tan comunes en estos medios. Sin embargo esta opción no quiere decir que me desen­tienda de lo que sucede en la lit­er­atura o el arte de mi entorno. De alguna man­era he par­tic­i­pado acti­va­mente, a par­tir de la década del 80, con pub­li­ca­ciones que, a pesar de su mar­gin­al­i­dad, inten­taron definir un rumbo, conc­re­tar un punto de vista. Lo hice con El poeta y su tra­bajo, edi­tada con los aus­pi­cios de la Uni­ver­si­dad Autónoma de Puebla; luego con Poesía y Poética, pub­li­cada durante 10 años en la Uni­ver­si­dad Iberoamer­i­cana, así como una colec­ción de 20 tomos, tam­bién sobre los mis­mos temas abor­da­dos en la revista, y ahora, desde el año 2000, nue­va­mente con El poeta y su trabajo.


En todas estas pub­li­ca­ciones no nos pro­pusi­mos polemizar con otras revis­tas seme­jantes que se edita­ban en Méx­ico; más bien nue­stro proyecto con­sis­tió en dis­eñar una línea de tra­bajo difer­ente, abierta y crítica, definida por los tex­tos selec­ciona­dos, por lo acep­tado y por lo exclu­ido. Una selec­ción donde se per­fi­lara con nitidez nue­stro vín­culo con la van­guardia, así como una aceptación de lo vivo del pasado y un rec­hazo del tradi­cional­ismo tan arraigado entre nosotros. Asimismo prop­i­ci­amos un respaldo a las inno­va­ciones for­males y una difusión per­sis­tente de la mejor poesía con­tem­poránea, lejos de toda com­pli­ci­dad nacional­ista. En esa zona es donde prefe­r­i­mos dar la batalla. Durante casi 30 años insis­ti­mos en la necesi­dad de ren­o­var el lenguaje poético, de reflex­ionar sobre la poesía y el arte con­tem­porá­neo, medi­ante tex­tos de los pro­pios creadores más que con las gen­er­al­iza­ciones, con fre­cuen­cia abstrac­tas, con que nos sue­len abru­mar algunos críti­cos. Incluimos tam­bién tra­duc­ciones de dis­tin­tas lenguas como un medio indis­pens­able de cono­cer lo que sucedía en otras partes. Siem­pre con­sid­er­amos la tra­duc­ción como una obra de re-creación y que las ver­siones se hicieran pri­mor­dial­mente a una lengua que tiene inflex­iones y mat­ices que la ale­jan de la lengua orig­i­naria. En esto tam­bién creo que mar­camos un espa­cio dis­tante al de otras pub­li­ca­ciones lit­er­arias de México.


HUGO CAAMAÑO




Sin testigos


Me aparto.
Me estremezco.
La cabeza
Ya demasiado madura cae al fondo.

Me desagoto de años y recuerdos.
Abandono el país.
Quemo el idioma.

Arráncame mis padres de la ingle.

Aparto como unas ramas melancólicas
Mis huesos con la mano.

Me voy hacia otra cosa,
Hacia otra cosa.

Aquí no hay tanta luz.

Aquí descanso.



SERGIO PITOL