miércoles, 13 de enero de 2016

RAMIRO DE CASASBELLAS





Alguien


Cuando esta mujer flaca perdida en su vestido negro
te acapare la espalda con sus brazos
y te administre un poco de su vago perfume
y te descubras en la oscuridad
de este departamento de Palermo
(donde todos los muros el sillón o sus ligas arrojadas al
suelo tienen esa arrogancia típica de la noche)
puede ser que te olvides
que dejes de sudar esas viejas historias de hombre solo
esta mujer
me toca con sus manos lisas me habla por intermedio de
sus piernas desnudas
se abre el escote tiene senos blandos
quiere bailar conmigo o simplemente que me calle
me voy con ella contra ella
las sábanas están tibias ensimismadas
mi anillo le ha rozado el muslo
ella tose se ríe me necesita
por un cuarto de hora

después se ha de poner sus zapatillas rosas
se lavará los dientes mordiendo una canción
se peinará mirándome de reojo
se aburrirá de mi con naturalidad

qué cómico aparezco ante el espejo
entre estos cachivaches del amor

ella ha bajado a despedirme
cierra la puerta

llueve es muy tarde en un café cercano
dos canillitas juegan a los dados



                    (de Antología interna, 1965)







La guerrilla, esa antigüedad
      

          Autor: Ramiro de Casasbellas. 

                        Primera Plana, 18 de febrero de 1969.



Los episodios ocurridos en el abra de Santa Laura, Jujuy, la semana pasada, responden al mejor estilo en la materia: un grupo de hombres jóvenes, con cierta barba y sospechosa ropa, acuden a una casa en busca de elementos; el vecino los denuncia, terminan presos.

Si es por el armamento, poco hubieran podido hacer; si por el número, no alcanza para nada. Tal vez se trate, como los seis detenidos se empeñan en declarar, de una partida de cazadores, y no de una banda de guerrilleros, según creen las autoridades policiales.


En todo caso, las escuálidas referencias de que se dispone indican que los seis arrestados profesan ideas peronistas. Son las que se achacaron a los catorce irregulares sorprendidos en Taco Ralo, provincia de Tucumán, a fines…/revolucion_argentina/

IRENE GRUSS


Irene_Gruss


XIII

Guay del que contradiga
lo que la pared dice, el clavo
que sujeta el espejo, la foto
de mamá, sangre
en el muro, la soga
del ahorcado, la de la ropa.



XIV

Rígida como es,
no acepta tanto punto
de vista. Pareciera
que se marea: chorrea la tinta
o el pincel: la pared
limita: estoy
hasta acá,
dice, y muestra el borde.



XV

Y de repente la lluvia, a lavarle la cara al suelo seco,
a asombrar de agua
el cielo

(y una mira la pared y pregunta
¿de qué hablas?, mariposa,
oye el trueno)
¡calla!



XVI

Cabeza muerta la pared,
echo cal viva sobre esa cabeza
adiós adiós el pensamiento o la flor
allí enredada, la hojita
que titila y se aferra al viento.
No digas más. No digas Nada.

            
                       de La pared, Nudista, 2012


IG(Bs As, 1950). Poeta. Entre otros: El mundo incompleto,
La calma, Sobre el asma, Solo de contralto, La dicha, La
mitad de la verdad (poesía reunida).

ROLAND GIGUÈRE




Ante lo fatal


Ante las ruedas rotas de un viaje imaginario
      yo te decía: abramos el mar

ante la espada desnuda sembrada de estrellas
      yo te decía: habito la corola

ante el espejo oval de tu belleza
       yo te decía: confundamos la hoguera

ante el día que pasaba entre tus labios
      yo te decía: una hora más de fiebre

ante el furor que aullaba en el balcón
      yo te decía: el verano

ante los flagelos que se pudrían en nuestra puerta
ante el rojo bárbaro de la cohorte
ante los gestos pesados de los testigos
ante las líneas rotas de nuestras manos


yo te decía siempre lo maravilloso fácil.


                      Trad. Aldo Pellegrini



THOMAS CAREW





A MI AMADA INCONSTANTE


Cuando tú, pobre excomulgada
de todos los gozos del amor, veas
la recompensa, el destino glorioso,
que mi sólida fe me logrará,
entonces, maldice tu inconstancia.

Una mano más bella que la tuya, curará
el corazón que falsos juramentos lastimaron;
y a mi alma, otra alma más pura
que la tuya, las manos del amor unirá;
y serán de igual gloria coronadas.

Entonces llorarás, rogarás, lamentarás
al Amor, como una vez lo hice a ti;
vanas serán tus lágrimas
como las mías entonces, pues serás
Maldecida por esa Apostasía.


                Versión de Enrique Caracciolo Trejo


                   De Los poetas metafísicos ingleses del

                      Siglo XVII, Assandri, 1961

DOMINIC CHIANESE