miércoles, 6 de enero de 2016

FERNANDO DELGADO





Aquí

En la sombra mordida del alba
todo vuela inflamable
Tanta cosa de lejos
¿qué infierno / cabe en lo que falta?
qué cansancio robusto
en las paredes del aire
Sin pudor nace otro día



Lectura de aparatos

El hombre de la cama 14
hace rayitas en la pantalla
una mujer de blanco
muy generosa
inyecta sonrisas al corazón
El parte de las once
dice tranquilos
está todo bien.



Ríe a escondidas

Una mujer se inclina
junta palabras
vuelve la mirada al punto ciego
del camino
Esa mujer
sería capaz de desovar fantasmas
de volver a la infancia
llena de palabras
en silencio repetirse una
y otra vez
quiero ser la elegida
quiero ser la elegida.


FD(Wilde, pcia. de Buenos Aires). Participó en talleres
literarios con los maestros Carlos Patiño y Marcos Silber.
Realizó en sitio Web oficial de Bernal “La poesía de los 
martes” difusión de poetas locales y con la misma temática 
en un local céntrico de la ciudad de Bernal, en lámina A4, 
la poesía en vidriera, con poetas de nuestro país, cada 
“martes” durante 2006-2007.
ADMINISTRA 2 Blogs de poesía:


                  www.poesiadelmondongo.blogspot.com

RUBÉN VELA


 


La muerte y la soledad

Ella me alimentaba con pequeñas patitas de mujer encla
vadas en la aguja de su sed inmensa. Entonces, mientras
yo me entretenía en los cándidos placeres, ella creaba en
torno de mi ser un silencio de alambres, una gran jaula
donde quedaba aprisionado.

Ella extendía sus manos hacia cada verdad y exclamaba:
La soledad es la única muerte considerable.

Y qué decir de la mutabilidad de sus estaciones, fuego
para el invierno, cristales para el verano, asombro para
los mundos.

Ella exploraba los mapas, adiestraba las tortuguitas do
mésticas.

Mi soledad era el crecimiento inmóvil de las plantas.

(1956)

                            (de Maneras de luchar, 1981)



Dylan Thomas 

Como si escribiera manchas de verbo sobre una tabla su
cia. El polvo ocupará nuevamente ese silencio. Digamos:
no importa, nada se ha perdido, todo ocupa su lugar,
todo es reemplazado. Y ante esta solemne mentira, ten
dré siempre mi oculta vergüenza. Está será mi lucha. Ya
he roto mi invención contra los días, he aprendido la
verdad del hombre: su permanencia en las contradiccio
nes

(1956)

                          (de Maneras de luchar, 1981)



ADOLF LOOS


Adolf Loos and Elsie in Sylt island, 1921
                    AL y Eisie















CINTIO VITIER




En plena vida
(estrambote)


Sin embargo, digo
que no me vas a encerrar e un soneto
para después reírte de mí como los pájaros salvajes
del que pía educado en una jaula.
En todo caso huiremos juntos.
Ya sé que eres
vagabunda y brutal cuando te place,
que te asomas cantando en la incoherencia del periódico,
y de repente eres
un hombre doblado hacia la tierra,
en cuyo rostro sudoroso brilla
algo indescifrable.

Cierto que hay tiempo de cerrar
y tiempo de abrir (la noche, el día
son el abanico para nuestra asfixia),
tiempo de alabar y tiempo de romperse
el alma. Ah, no olvido
que por la grieta entra la luz sin nombre,
que el transeúnte es una forma del poema,
y que la sangre está clamando
aún después que la noche hermosa
parece haber curado todas las heridas.
En fin, no me equivoco
sobre tus intenciones. Sé
que de todas partes saltas y me atacas,
en plena vida, ahora.


                      de Entrando en materia, 1967-68



JACOBO FIJMAN




Canto del cisne


Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan
humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿a quién llamar?
¿a quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahora mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡piedad!



RAYMOND BRIGGS

STÉPHANE HESSEL




¡Indignaos!

              Stéphane Hessel


                           Prólogo de José Luis Sampedro


               Un alegato contra la indiferencia
               y a favor de la insurrección pacífica


                                  PRÓLOGO



                                 Yo también 


Yo también nací en 1917. Yo también estoy indignado. También viví una guerra. También soporté una dictadura. Al igual que a Stéphane Hessel, me escandaliza e indigna la situación de Palestina y la bárbara invasión de Irak. Podría aportar más detalles, pero la edad y la época bastan para mostrar que nuestras vivencias han sucedido en el mismo mundo. Hablamos en la misma onda. Comparto sus ideas y me hace feliz poder presentar en España el llamamiento de este brillante héroe de la Resistencia francesa, posteriormente diplomático en activo en muchas misiones de interés, siempre a favor de la paz y la justicia. 

¡INDIGNAOS! Un grito, un toque de clarín que interrumpe el tráfico callejero y obliga a levantar la vista a los reunidos en la plaza. Como la sirena que anunciaba la cercanía de aquellos bombarderos: una alerta para no bajar la guardia. Al principio sorprende. ¿Qué pasa? ¿De qué nos alertan? El mundo gira como cada día. Vivimos en democracia, en el estado de bienestar de nuestra maravillosa civilización occidental. Aquí no hay guerra, no hay ocupación. Esto es Europa, cuna de…pdf







RENÉ CHAR




El cadáver exquisito


El vapor alado seduce al pájaro encerrado bajo llave.
La ostra del Senegal se comerá el pan tricolor.
El ciempiés enamorado y frágil rivaliza en maldad con el cortejo
           lánguido.
El cloro en forma de pera hace hablar a los senescales atroces.
El siglo doce, bello como un corazón, lleva a casa de un
carbonero el caracol del cerebro que se quita cortésmente.
La chiquilla anémica hace ruborizar a los maniquíes encerados.
El amor muerto adornará al pueblo.
Las mujeres heridas atascan la guillotina de cabellos rubios.
El seno con colores de fuego sobrepasa de un grado, de un dedo,
            de un sorbo, a los senos melodiosos.
La huelga de las estrellas castiga a la casa sin azúcar.
La luz completamente negra desova noche y día el lustro que
           no sabe hacer el bien.



                                   Trad. Aldo Pellegrini