miércoles, 27 de julio de 2016

RICHARD JENKINS

ALBERTO RIOS







El cabello de Refugio


En los días pasados de nuestra familia,
Mi abuela era una mujer joven
Cuyo cabello era tan largo como el río.
Vivía con sus hermanas en el rancho
La Calera-Tierra del limón-
Y eran sus días felices,
Pero su tío Carlos vivía ahí también,
Carlos cuya alma tenía el filo del puñal.
Un día, para enseñarla a andar en caballo,
La hizo montar al más veloz,
Sin asiento, y sentarse ahí
mientras sostenía su cara larga en los brazos.
Y fue ahí que hizo lo innombrable
Por lo cual se le recordaría siempre:
Pidió al hermoso bebé Pirrín
Y lo puso en sus brazos.
Con esa imagen de Madonna a caballo
Golpeó el muslo trasero del caballo.
El caballo hizo lo que todo caballo hace,
Corriendo hacia el brillante horizonte.
Pero primero corrió bajo los álamos
Para quitarse el peso injusto:
Esta mujer llena de lágrimas
Y este bebé lleno de amor.
Cuando llegaron a los árboles y pasaron por debajo,
Su cabello, que la había seguido,
Igual de magnífico que la cola del cabello,
Ese cabello se elevó y voló entre las ramas
Como una millar de manos,
Todas queriendo salvarla.
El caballo corrió y la dejó,
Con el bebé aún en brazos,
Los dos colgando de su cabello.
El bebé la veía sólo a ella
Y no lloró, así de estable era su cuna.
Las hermanas vinieron a salvarlos.
Pero el cabello no se soltaba.
Seguía temeroso no se  soltaba y tuvo que ser cortado,
Todo de su cabeza.
Desde aquel día, mi abuela
Usó el pelo corto como un grito,
Pero era largo como el río en sus sueños.



viernes, 22 de julio de 2016

ZELMAR ACEVEDO DÍAZ





LA DAMA DE CRISTAL



EL COMIENZO

LA SEÑORA

LA GUERRA

EL FIN





EL COMIENZO


Alguien está preso
aquí en este frío
lúcido recinto
dédalo de espejos.
Alguien al que imito.
Si se va, me alejo.
Si regresa, vuelvo.
Si duerme, sueño.
-”¿Eres tú?” me digo...

Pero no contesto.

Jaime Torres Bodet


1


Es una sensación especial la que tengo al quedarme aquí, solo, empequeñecido por estos recintos. El ministro del interior y el secretario de hacienda se han retirado por fin. Pero no puedo hablar de soledad. Es apenas un epílogo de casi todas las tardes que poco a poco se convierte en hábito, algo que se ha ido repitiendo día tras día durante las últimas semanas, ceremonia a la que me abandono sin resistencia, por ahora. Debo admitir cierto asombro al dejarme absorber por un rito de esta manera, aunque sólo se trate de unos minutos, media hora tal vez, y reconozco que no es mi costumbre permitirme esta clase de actitudes. Quien me observase, podría suponer que se trata de una pérdida de,,,/la-dama