lunes, 13 de junio de 2016

ALFREDO FRESSIA





PARÉNTESIS


Cuando nací el sexo fue un destino. No se puede elegir ser poeta.

De las mujeres nunca amé a ninguna sin duda porque las amé en bloque. Fue un amor largo y sin alegría. Ellas también me amaron sin deseo y sin gozo.

Las miré con la nostalgia de una vida más bella. Cuando quise ser mejor quise ser mujer.
  
Después me olvidé. Devoré la costilla de Adán en la travesía del desierto. Fui hombre, poeta, amé a otros hombres. Tuve hambre.

Llegué a la playa de este mar eterno, al sur del Brasil. Mi olor es de sal virgen y de yodo azul. Sé que una mujer devolverá al mar el pez con una moneda en la boca.


Ella escribe mi poema. Yo aguardo.



miércoles, 8 de junio de 2016

JAROSLAW IWASZKIEWICZ




citas obsesión

Jaroslaw Iwaszkiewicz, fot. Danuta Lomaczewska

12_JI_1963


ÍCARO (FRAGMENTO)



Hay un cuadro de Brueghel llamado Ícaro. En él se ve a un campesino que ara la tierra en un alto acantilado sobre el mar; un pastor impasible apacienta su rebaño, y un pescador tiende las redes en la costa. A lo lejos, puede vislumbrarse una tranquila ciudad. En el mar navega, con las velas desplegadas, un barco en cuyo puente unos comerciantes discuten sus negocios. En fin, estamos ante los afanes y preocupaciones cotidianos, frente a una vida de simples menesteres y problemas humanos sencillos. ¿Dónde está Ícaro? ¿Dónde está aquél que trató de alcanzar el sol? Sólo, si observamos minuciosamente el cuadro, podremos descubrir en un rincón del mar un par de piernas que se sumergen en el agua, y arriba, revoloteando en el aire, unas cuantas plumas que el brusco descenso desprendió de las alas ingeniosamente fabricadas. La caída ha ocurrido hace un instante apenas. Se trata del temerario que, según la leyenda griega, construyó unas alas para volar y se elevó a tal altura que llegó cerca del sol. Sus rayos fundieron la cera con que se había pegado el joven las plumas, y el desdichado se precipitó en el abismo. La tragedia ha ocurrido; helo allí que se hunde y se ahoga en el mar. Pero los hombres nada han advertido. Ni el campesino que ara la tierra, ni el comerciante que navega, ni el pasajero que contempla el cielo, ninguno se ha dado cuenta de la muerte de Ícaro. Sólo el poeta o el pintor la han visto y la han transmitido a la posteridad.



martes, 7 de junio de 2016

GUILLERMO ORSI





Cuando un fascista muere de viejo


Cuando un fascista muere de viejo se oculta el 
sol en el lugar exacto de su entierro. Callan los 
pájaros y se detiene la brisa, el mundo en ese 
instante se queda sin aire. Enmudece tu guitarra, 
poeta combatiente, y se borran súbitamente las 
páginas heroicas de tu historia.

Cuando un fascista muere de viejo trepan a sus 
astas las banderas del atropello a la dignidad 
de hombres y mujeres que pelearon por justicia 
y libertad. Arde el reseco odio de tantos 
fascistas que lo lloran y saludan, crepitan las 
páginas del ocultamiento y la mentira, resucitan 
los asesinos de esperanzas, echan a volar las 
campanas de la impiedad y el hastío.

Cuando un fascista muere de viejo y el ama de 
llaves del infierno prepara las cobijas que 
arropen su putrefacción, algo ha fracasado.


Cuando un fascista muere de viejo nos miramos 
al espejo y ya no nos reflejamos: nos vemos tal 
cual fuimos.