lunes, 25 de abril de 2016

JORGE CASTRO VEGA





LA PENA MÁXIMA


Por más que la muerte sea
Luis Suárez, le llevo ventaja.
Y cuando  pasa a mi lado
para poner la pelota en el punto penal
le digo bajito, casi adentro del oído: el que lo  ataja
se convierte en héroe  y el que lo erra
es el hazmerreir
de Todo El Universo.
Le hago un guiño.
Le muevo el balón.
El  juez amenaza con echarme
por mi inconducta deportiva.
Me voy
despacio
con las medias bajas
bailoteando así
hasta línea del arco.

 Ella toma carrera. Eso es un toro.
Cierro fuerte los ojos
me arremango los pantaloncitos
y  me ajusto
los guantes
verdes de lana
que tejió la abuela.

Suárez –o lo que sea- también sufre un poco
creyendo que yo creo que no tengo
nada que perder. En eso, la muerte
se equivoca.
Pero no es cosa tampoco
de andarla avivando
justamente ahora.

Quedan unos segundos
antes del pistoletazo
de esa bola de hielo:
debo  convencerme
de apuro que soy
Lev Yashin.  “La Araña Negra”.
De apuro. Ya mismo.


Y si no
por lo menos, va a agarrarme
con las manos calentitas.