lunes, 29 de febrero de 2016

JOSÉ MARÍA BORGHELLO





Representaciones homoeróticas, homosexuales y trans
de la provincia de Mendoza en la literatura (1942-2012)

                                     Jorge Luis Peralta

Universidad Nacional de La Plata


  Mi objetivo en la presente comunicación consiste en ofrecer una lectura históricamente situada de diferentes representaciones literarias de la provincia de Mendoza en tanto escenario de problematización del régimen sexual imperante. En una investigación previa, de mayor extensión, consagrada a analizar la representación de espacios homoeróticos en la literatura argentina contemporánea...


                                          /notas//cultura


CLAUDIO MAGRIS

viernes, 26 de febrero de 2016

FRANCISCO RUIZ UDIEL





CADA CUATRO AÑOS NACE UNA POETA SUICIDA  


                     A Sexton, Plath y Pizarnik
                     Nacidas en 1928, 1932 y 1936 


Cada cuatro años la muerte
abre la llave del gas de una cocina,
se fuma un cigarrillo en el sofá y espera.

Otras veces enciende el motor de un automóvil
dentro del garaje
y canta Chair in the Sky,
un poco de jazz no despertará
a las muñecas recién maquilladas, piensa.

Cada cuatro años la muerte toma
anfetaminas para adelgazar,
pero se le pasa un poco la mano
y ya no despierta.

No se pone triste, ni alegre, ni neurótica,  no.
pero cada cuatro años
la muerte amanece lúgubre
y observa la tarde roja
desde una ventana.
Alguien trata de invocarme, dice,
y cierra amargamente los ojos.

A mí me da pesar, no sé,
es como si ella quisiera decirnos
o contarnos algo desde su delgado rostro blanco,
como si estuviera cansada de estrangular mujeres.
Yo la conozco muy poco,
pero me consta aborrece
su funéreo oficio.
Últimamente la han visto respirar
cierto aire suicida.

Cada cuatro años a la muerte
se le irritan los ojos,
sabemos que ha llorado, lo sabemos,
pero callamos,
sabemos también que busca algún vientre
y como ella no tiene el privilegio
de la carne materna
aferra entonces sus fríos y delgados dedos
en el primer ombligo que encuentra.

Por eso cada cuatro años algunas niñas
ya vienen muertas.


Francisco Ruiz Udiel(Estelí, Nicaragua, 1977,
Managua, Nicaragua 2010) fue un poeta, perio
dista, editor de libros y revistas, y promotor
cultural de Nicaragua.

miércoles, 24 de febrero de 2016

EMILIO COCO





Qué hago yo aquí

Qué hago yo aquí esperando a que la salsa
termine ya de hervir no tengo pluma
ni un trozo de papel al que entregar
mi tristeza en un verso endecasílabo
ese agudo deseo de la muerte
que se levanta cuando más intenso
se vuelve nuestro apego por la vida

Qué hago yo aquí sentado en el garaje
cuidando de que el fuego no se apague
y revuelvo en la caja más cercana
en busca de una tiza o un lapicero
para fijar en un folio arrugado
que hacía de tapón a una botella
mis oscuros afanes de plagiario

Qué hago yo aquí con ya cincuenta años
sin querer levantarme para ir
a cerrar la bombona de butano
porque desde que dio el primer aviso
han pasado ya treinta y tres minutos
quién tuviera un punzón para grabar
en la pared un verso inigualable

Qué hago yo mientras voy bajando el cierre
y pulso el interfono en el portal
para decir la salsa ya está hervida
y échame el manojo de las llaves
porque quiero guardar el coche ahora
y subir muy deprisa y anotar
mis graves pensamientos trascendentes

Qué hago yo aquí sentado a la olivetti
en el rodillo puesto el folio en blanco
en posición exacta a doble espacio
las letras estampadas en las teclas
que arden bajo el peso de los dedos
y menos mal que está lista la cena
y la menestra fría no está buena  


                          Trad. Carlos Clementson







sábado, 6 de febrero de 2016

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO




Como en la Belle Époque


¿Quién es esta mujer, de dónde sale
su cintura de goma?
Sus pechos ¿de qué son?
En un sofá sin muelles cae la música
envolviendo una mano
blanquísima, enjoyada, que sostiene
un vaso extraño de color violeta,
mientras, como en antigua
portada de revista de entreguerras,
aparece otra mano
¿otra mano de quién? Y un cigarrillo
difumina y apaga
la imagen entrevista, los collares,
las piernas, el zapato.
Alguien anda detrás de todo esto.
Alguien nos amenaza
con recuerdos que nunca fueron nuestros
pero de los que somos responsables,
y en un rincón oscuro
siempre habrá una mujer como nalgona,
sin rostro y sin pasado,
denunciando locuras que no hicimos.



             De La paloma y el papagayo, 1967

CARLOS BARRAL





Exterior del gato


Ser el gato,
hacer un esfuerzo y ser el gato
transitorio del alba y en la cumbre
del mundo transitado, presumible.

Ser por fuera del gato todo el gato posible
Después del atigrado resplandor de la noche
Última y la pasmada contracción felina.
Comenzar en el zinc al borde de las uñas,
En el cielo que escurre el canalón vacío
Y en la flor espectral que crece entre las rejas.

El gato que despierta paso a paso las viejas
miserables espaldas de fábrica baldada
y el aire algodonoso de las ramas al suelo
y la tierra afeitada del muro hasta el camino
y hasta el bidón sonoro que su peso estremece.

Ser gato por fuera y tan cabal. Parece
que el mundo quepa dentro de esta pausa ondulada,
precisa como un astro, que te llama
y a quien no negarás el pararte desnuda
donde nadie te hubiera imaginado

aurora sobre el muro desconchado,
alba rosada sobre el gris de un gato,
con las puntas nocturnas de los pechos
apuntando a esos hombres cavilosos
que llegan tan despacio, pisando en las afueras.


                       De Usuras, 1965

JAIME GIL DE BIEDMA





Píos deseos al empezar el año


Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
─o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul…
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.



No volveré a ser joven


Que la vida iba en serio
Uno lo empieza a comprender más tarde
─como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
─envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.



               De Poemas póstumos, 1969

PASQUALE SQUITIERI


Claudia Cardinale And Companion Pasquale Squitieri At Home In Italy. Claudia CARDINALE avec son compagnon Pasquale SQUITIERI dans sa villa de Santa Anna di Malborghetto, une ancienne ferme, sur la Via Flaminia près de Rome : plan de face de Claudia, souriante, se baignant dans sa piscine, Pasquale en arrière plan..
                    Claudia y Pasquale


                                         Claudia y Pasquale


                        Joe Dallesandro con Pasquale


JULIO MARISCAL









JULIO MARISCAL, EL POETA EN EL ARMARIO.


"Este amor de nosotros
nace de la amargura"


Si en las ciudades de la posguerra española los homosexuales lo pasaron mal, en el medio rural fue aun peor. Desde niños debían aprender a disimular, a no dar pistas, el acoso escolar podía ser el menor de sus problemas.

Para una familia tener un hijo homosexual era un deshonor, si además el padre era falangista, militar o pertenecía a la benemérita, el niño deshonraba a todo el cuerpo. Jamás se podía confesar a un padre este problema, ni dar pistas, las palizas estaban aseguradas. Muchos niños y jóvenes homosexuales tuvieron que oir en boca de sus padres: "Antes prefiero a un hijo muerto/julio-mariscal-el-poeta-en-el-armario



miércoles, 3 de febrero de 2016

ENRIQUE BADOSA





Acabo de romper papeles viejos…


   Acabo de romper papeles viejos,
y los sobres en blanco que guardaron
esperanzas de buena soledad.
Polvo de algunos años empañaba
esas caligrafías buscadoras
de palabras perennes. En mis manos,
la penumbra de tiempos que he perdido.
Ahora soy un nombre casi solo,
que ha roto ya sus últimas noticias.
Un hombre sin más libros que pocos y severos,
y con palabras ciertas y buscadas
para llegar tal vez a compartirlas.
Pero también me siento abandonado
hacia un futuro tan irremediable
como días de ayer. Nada sucede.
Habrá un silencio nuevo ante mi puerta.

                 De Arte poética, 1968



Sepa usted que en mi casa vivo solo…


    Sepa usted que en mi casa vivo solo,
y no es posible que alguien haya dado
esta luz que ahora veo en la ventana.
¡Espere, por favor…! Ya se alejaron
los alborotadores de la noche,
y quisiera tener alguien al lado.
Aunque tal vez a usted otros le esperan,
y yo le canso aquí… ¿No? ¡Gracias! Claro
que a usted no le sorprende ni le inquieta
ver luces encendidas en mi cuarto.
…Es verdad, vivo solo y hace frío
al mirar los espejos derribados
por la sombra. ¡Y cómo le agradezco
que me escuche un momento! Pero acabo.
No obstante, si supiera cuánto temo
la luz que han alumbrado
en mi casa vacía… ¿Qué hace usted?
¿cómo puede saber que estoy cansado,
y me pone su mano transparente
sobre el hombro? ¿Por qué se está empeñando
en que debo subir y abrir la puerta
y recorrer mi casa, y decir alto
el nombre que perdí?... ¡No, no se vaya!
¿Por qué usted…? ¿Por qué Tú me ayudas tanto?

                                  De Arte poética, 1968


EB(España, 1927). Poeta, ensayista, traductor.
Más allá del viento(1956), Tiempo de esperar, tiem
po de esperanza(1959), Baladas para la paz(1963),

Arte poética(1968), Historias en Venecia(1971).

NICOLÁS ROSA





Tratado sexto: sobre el cadáver

              El caer –un cierto caer(se) del senti
             do…, la extracción, como quien dice la
              extracción de la piedra de la locura, de
               la significación fálica del cuerpo…

                                Avatares del etymon  


Parte, resto, fragmento, vestido, joya, excremento, máscaras
del texto, excedentes del cuerpo, simulacros de la patencia
áurea del falo, tropismos primarios del discurso que sólo reenvía al propio falo rescindiendo el falo del otro especular y que se aliena en la no relación del acto negativo por definición, el acto de la escritura marcado por la presencia medusante y petrifican
te de la Gran Otra. Parte de un todo imaginario, parte de las
partes, más que objeto parcial objeto radicalmente aparte ─como quien dice, violando las leyes de la gramática, objeto hecho a partes, en el decir de Lacan, el pequeño objeto a como
desprendible (corte) y por ende destacable(el monumento gélido
de la estalactita) donde la pulsión anal se analiza, se metaboli
za, se cristaliza en el ornamento del cíbalo, encuentra, sin embargo, un límite absoluto, el último término de una serie infinita, como el número de oro alquímico convertido en ceniciento envés: el cadáver. De objetos erectos, objetos perdi dos, objetos reencontrados, el objeto máximo, caído por defini
ción(cadáver viene de cadere, caer) es el rostro amargo de la
castración. La muerte, como término último de una serie imaginariamente infinita es el enigma mayor de la cultura: que haya sido pensada como continuación de la vida otra, en la hi póstasis teológica: de la vida terrena ─en el valle de lágrimas─
a la vida eterna pasando por la casa del cadáver, el sepulcro,
la inscripción de la letra funeraria, de la carne al espíritu pasando por la emancipación vaporosa de las salivas y las babas,
que haya sido pensada como límite de la materia en su propia combustión saldada por el renacimiento mecánico del bios, o como término siempre prorrogable de un descuento de lo real que hace de la suma de los muertos la cúspide imposible de la vida, siempre ha sido pensada como término ulterior y por lo tanto generador al mismo tiempo de una utopía(la de la inmortalidad) y de una ucronía(el final del tiempo es el fin de los tiempos donde la muerte individual se hace coincidir con la muerte de la especie). Sólo Freud y la parte de la poesía que le corresponde al discurso de la ficción poética, pensaron la muerte como retorno, como retorno del principio al final de la vida. La muerte no está al final de la vida, está en sus comienzos. El cádaver como resto-rastro mortal convoca la
eyección propia de las materias impuras, es lo ab-yecto por
definición, materia obscena en espera de la disolución, la putrefacción. El registro imaginario de la literatura ha captado siempre este elemento ab-yecto en sus ficciones de la muerte
─quiero decir del cádaver, Drácula(la exangüinización), Frankestein(el hombre de los retazos corporales, el uno de todos), golems y muñecas parlantes, autómatas y mutantes y androides bastardos(el ánade de jade de Perlongher) pueblan
La fantasmática de la sustancialización siniestra de lo inanimado: la máquina, otro término de la muerta, la máquina infernal. Pero si el cadáver retorna en la letra, sólo retorna como el simulacro mayor del re-torno, de la re-presentación: el
spectrum aquello que se muestra, que se da a ver y que convoca inexorablemente la extinción de la pulsión escópica.

El cadáver de Austria-Hungria, el cadáver de esa mujer, la imponente historia de ese cadáver que ha inmantado las letras argentinas, el cadáver que se hurta a sí mismo en las penumbras de la periferia de la significación: aquello que absuelve lo significable-posible en el registro de lo in-significable imposible negando el mentar, hasta el hurto del cadáver, que simula el tránsito terrestre de una peregrinación teológico-política, culmina con un oxímoron semiótico: si el cadáver es cuerpo caído, cuerpo en espera de la corrupción y la ceniza, el embalsamiento es simultáneamente una contradicción lógica de la implicación existencial y un contra-fáctico de la acción cadavérica. El embalsamamiento es quizá la metáfora más aguda, pero silente, de la escritura: intento de restaurar la rigidez cadavérica en la erectibilidad de la letra. Si los cadáveres de Alambres forman un conjunto de miembros infinitos por efecto de una desmultiplicación que cortocircuita
lo imaginario y lo real, digo la muerte como entidad y la masacre diaria, la muerte imaginada y deducida y la irrupción de la muerte del otro que golpea como lo Real absolutizado cuando de los muertes se produce la extracción del uno, digo del cadáver que hace uno en la serie infinita y encarnizada de los muertos, es entonces, cuando la interrogación asume la ausencia. “¿No hay nadie?” el cuantificador en grado cero que opera simuladamente por “¿algunos?” y luego por “¿todos?”.

La respuesta es la negación, la negación incierta o quizá la renegación absoluta: no hay cadáveres porque sólo hay cadáveres, pues todos y nadie se neutralizan en una cuantificación ficcionante: el cero, a la sombra del cual la escritura se detiene.


                     De Tratados sobre Néstor
                                    Perlongher, Ars, 1997