sábado, 23 de enero de 2016

MERCEDES ROFFÉ




MEMORIAL DE AGRAVIOS


*

Más aun. Pensemos
en la reproducción mecánica. Casi una montaña rusa.
Casi una noria. Un ensayo de
                        poética circular. Una cascada como
una piedra, un bloque, un cuento
de nunca acabar.

*

La nave sin timón y el pez sin espada. Algo se mueve bajo los pies, que algunos llaman Duda. Como si la tierra se encaminara a algún lado. Reacción de inercia. Oxímoron, o más: paradoja. Ooooooops. Sentada en la cresta de la ola, una pluma en el sombrero del huracán. Asociación ¿libre? Te diré. ¿Quién eres? Lo que seas lo serás por un error de cálculo. No necesariamente una equivocación sino, más bien, lo que se dice un margen.

*

Vio a Cristo amamantando a los perros. Vio un hueco en el lugar del corazón. Vio una parva de heno, una oreja de Dumbo, una cola de buey, un grano de sal gruesa, un hangar, un telescopio. Vio una batalla de ángeles y demonios en el fondo de la
alberca. Y luego fue la lluvia, la lluvia. Enconada. Filosa. Intermitente. Las uñas de la Impaciencia tamborileando en la ventana. Los dientes de las horas farfullando el rosario del tedio.

*

La metáfora ha muerto.
Nada se parece a nada.
La más mínima fracción de cada átomo absorbida en la tarea de cumplir su ínfimo mandamiento. Sostenerse en el ser, cada mañana, no importa qué. La anatomía exhausta del ciprés... La terquedad crispada de los pinos... El blanco inocuo del hielo
en el dintel.
El orín del perro del vecino traza un surco en la nieve. Minúsculo. No menos
                 que todo lo demás. No menos que esta arrebatada voluntad, la inanidad segura de este intento.

*

Ciudades como mapas de ciudades, ángeles como pegasos, una iglesia, una veleta, y a un costado el laudista, como un mar enamorado de su nave.

*

Exabrupto confesional

Recuerdos —vagos— de esos poemas de Takahashi que empiezan
—todos—"Esta mañana, Su Majestad la Reina..." y con el mismo tono impasible, casi de cuento de hadas, con una ceremoniosi
dad digna, contenida, pasan a referir el espectáculo de la más desmedida corrupción.
No es la anécdota. Es ese oxímoron entre forma y contenido lo que hace de esos poemas un hecho necesario, útil, social: el poema como mito —en el sentido de síntesis y aglomeración de sentido—, como atajo para pensar y sentir en todo su estridor un fragmento, la intersección de dos ejes cualesquiera de una realidad que, de otro modo, se diluiría en los detalles de su propia indecencia.


*

                              La vi como quien viera un alba,
                              huyente...

Pérdida no es. Es, digamos, otro canto, otra decencia. Una voz que viene, se instala, se va. Reaparece, cada tanto, por el foro, como quien defiende un no sé qué de antiguo, de recato. ¿De qué lana será el escudo que la cubre? Filigranas de miedo,
como el hierro. Sangre. Herrumbre. Pánico de errar. De sufrir ¿qué? ¿Quién lo dirá?
Y mientras tanto
                    florece
                             la miro
como al día que pasa.



           De Canto errante seguido de Memorial 
                        de agraviosAmargord, 2011)


Mercedes Roffé(Buenos Aires, 1954), poeta, traductora 
y editora. Desde 1995 reside en la ciudad de Nueva York. 
Entre sus libros de poesía destacan Cámara baja (1987), 
La noche y las palabras (1996), la plaquette Definiciones 
mayas (1999) y Las linternas flotantes (2009).