martes, 5 de enero de 2016

GIOVANNI PASCOLI




Los dos zánganos 


Tú, oh poeta, este gran turbio universo
para nosotros lees y transformas
en lúcida palabra y dulce verso:

y es obra tuya lo que el hombre siente
entre fantasmas y entre vanas sombras.
¿cuál es la gracia que te da la gente?

Dos zánganos zumbaban bajo un olmo.
“Hacen la miel y nada más aquellas
abejas ―dijo uno― ¡Feliz de ellas!"
Y el otro: “y además con el bochorno!"



TEMPORAL 


Un murmurar lejano…

Rojizo el horizonte
Ahógase en el mar:
negro alquitrán el monte;
tiras de nubes claras:
un caserío en lo oscuro:
un ala de gaviota.



EL RELÁMPAGO


Y se vio cómo eran cielo y tierra:

la tierra ansiosa, lívida, asustada;
cubierto el cielo, trágico, deshecho;
blanca blanca en el tácito tumulto
se mostró, se ocultó una casa como
un ojo enorme que, despavorido,
se abre y se cierra en la profunda noche.



                            
POR SIEMPRE

¡¿Yo te odio?!... No te amo más, ves:
no te amo…  Recuerda aquel día:
muy lejos llevaban mis pies
un alma que sólo quería
volver. Aquí estoy… tú no estabas.
El eco de ayer perduraba,
de una promesa. y conmigo
de ti llevé sólo aquel eco:
                              ¡POR SIEMPRE!

No te odio. Mas el débil eco
de aquella promesa infinita
me sigue, martilla mi pecho
en la hora que pasa aburrida,
me chilla en el alma con grito
de implume que cae del nido:
                             ¡POR SIEMPRE!

No te amo. Sonriendo miré
la flor de tu cama mullida:
los ojos son tuyos… no lo es
la cara. Besé aquella carita
extraña sin choque en las venas.
Le dije: “¿y a mí cuánto me quieres?”
“¡Muchísimo!” ―tu ojo en mí fijo.
“¿Por siempre?” ―le dije. Me dijo:
                            “¡POR SIEMPRE!”

Le dije: “Aún, niña, no sabes
por siempre qué quiera decir.”
Me dijo: “¿Tú cómo lo sabes?
Por siempre es igual a Morir…
sí sí, adormecerse en la tarde;
quedar así como se era antes
                             ¡POR SIEMPRE!”



                                 Trad. Leopoldo Di Leo