jueves, 28 de enero de 2016

ANTONIO PORTA





cerrar o no cerrar las cortinas

Cerrar o no cerrar las cortinas
dejar que la noche entre
con su luz (y los sonidos
de las campanas)
o que permanezca fuera y yo
me quede fuera nocturno
como un sonido inapropiado.


                   (Nuevo diario, 1986)



un círculo que se abre pero no se cierra

Un círculo que se abre pero no se cierra
un círculo que está cerrado y se abre
en doce semicírculos se divide y se dilata,
la salida parece libre, la entrada es fácil,
como respirar, nacer, morir, volver.


                      (Nuevo diario, 1986)



no me pregunto si el mar es

no me pregunto si el mar es
justo o injusto
me pregunto si puede cantar
o si su canto está atrapado
en los ojos de los futuros ahogados.


                     (Nuevo diario, 1988)


      Trad. Pablo López Carballo y Rosa Benéitez Andrés


Antonio Porta (Vicenza, 1935-Roma, 1989) fue poeta,
profesor universitario, crítico literario, editor, presen
tador de radio y consejero de un sello discográfico.

                                                                                                                                             

EDUARDO SCALA








Fischergrafías














Columnas CINCO TIEMPO









ES(Madrid, 1945). Poeta inclasificable, su extensa 
y mínima obra está recogida en diversas monografías, 
antologías y en una tesis doctoral, Hermetismo y Vi
sualidad, la poesía gráfica de Eduardo Scala, Felipe 
Muriel (Visor, 2004).
Cerca de treinta títulos componen su Cántico de la 
Unidad (1974-2012), investigaciones sobre lo hondo 
de la palabra a través de la desapropiación del len
guaje y desaparición del autor.

martes, 26 de enero de 2016

SAÚL IBARGOYEN





Animales


Colgadas de cualquier frágil almanaque
las arañas se descalzan
y empiezan a tejer
las pálidas camisas
que sudaré mañana.
Y en el piso
de una apartadísima caverna
las cucarachas mezclan sombras
con el estiércol de dientudos pájaros:
ellas me preguntarán mañana
por qué estamos aquí.
Y las hormigas jadean
bajo la luz
de estos días inmóviles:
sus lomos crujen
como cueros quemados
como escamas en ardor:
ellas recogen pedazos de mi almuerzo
y preguntarán después
por qué el sol está ahí.
Y una polvorienta polilla escarba
su camastro nupcial
debajo del calor de fatigosas sábanas:
la hambruna de sus hijas comerá
de mi piel
y nadie habrá de medir
las hilachas destruidas:
ellas no tendrán que preguntar por mí.
Y caminan los escarabajos
entre las montañas desoladas:
su planeta de excreciones
se diluye en la chirriante tempestad:
ellos dirán la pregunta
que alguien tendrá que oír
en el otro tiempo de mañana.
Y buscan las moscas
sordas sustancias ardiendo
entre platos y cuchillos y gases cotidianos:
sus cachorros blancos nacerán
de las nuevas espumas
que mis salivas propias
ayudan a engendrar:
ellos no preguntarán
por el nombre completo
de los primeros ángeles
que habrán de sufrir.
Y las fieras ladillas
construyen su picoso hogar
en las bragas perfectas
de las reinas del mundo:
cuando inicien sus irritantes cacerías
ellas tal vez quieran preguntarme
por qué mis labios
no fueron a beber allí.
Y las mariposas se rascan
las alas de ceniza:
en su hocico se acumulan
iluminados coágulos
y moléculas de hiel
y se acoplan sin hipos ni suspiros
y dejan sus huevos en sitios alquilados
y no olfatean ninguna flor:
ellas querrán preguntarme
por qué rechazo diezmos y alcabalas
y por qué cada noche sueño
que no puedo biendormir.
Y aquel mosquito que vino
desde el agrietado Sur
con uñas lastimadas
por amarga arena
con plumas desteñidas
y antenas desquiciándose
con su colmillo único
revisando mi garganta:
¿habrá de preguntarme por qué
él también debe abrazarse a estas palabras
y luego
entre nadies y desnadies
desasido y despeinado
y animalmente tan solo
nada más morir?










lunes, 25 de enero de 2016

RYSZARD KRYNICKI


Ryszard Krynicki


¿La verdad?


¿Qué es la verdad?
¿Dónde está su sede?
¿Dónde está su consejo de administración?
¿Dónde está su consejo supervisor?
¿Dónde están sus abogados?
¿Dónde están sus guardias de seguridad?
¿Dónde está su departamento de promoción?
¿Dónde el departamento de márketing?
¿Qué cuota de pantalla tiene?
¿Qué fuerza de competitividad?
¿Qué patrocinadores mediáticos?
¿Se vende bien?
¿Cotiza ya en bolsa?
¿Qué valor tienen sus acciones?


                          De Piedra, escarcha


          Trad. Abel Murcia











NO SABÍA


Camino a la escuela
podía ver a diario,
erguido sobre la ciudad, un cuartel
prusiano; no sabía
que durante la guerra trabajó allí,
como médico militar, el poeta Gottfried Benn.
No sabía demasiado de las enfermedades

menos de poesía.



             de 6 POETAS POLACOS CONTEMPORÁNEOS
                 RIL Editores, Santiago de Chile; 2008.


     Trad. MACIEJ ZIETARA 










MANUEL DEL CABRAL





NEGRO SIN NADA EN TU CASA


Yo te he visto cavar minas de oro
—negro sin tierra—.
Yo te he visto sacar grandes diamantes de la tierra
—negro sin tierra—.
Y como si sacaras a pedazos tu cuerpo de la tierra,
te vi sacar carbones de la tierra.
Cien veces yo te he visto echar semillas en la tierra
—negro sin tierra—.
Y siempre tu sudor que no termina
de caer en la tierra.
Tu sudor tan antiguo, pero siempre tan nuevo
tu sudor en la tierra.
Agua de tu dolor que fertiliza
más que el agua de nube.
Tu sudor, tu sudor. Y todo para aquel
que tiene cien corbatas, cuatro coches de lujo,
y no pisa la tierra.
Sólo cuando la tierra no sea tuya,
será tuya la tierra.




LA CARGA


Mi cuerpo estaba allí... nadie lo usaba.
Yo lo puse a sufrir... le metí un hombre.
Pero este equino triste de materia
si tiene hambre me relincha versos,
si sueña, me patea el horizonte;
lo pongo a discutir y suelta bosques,
sólo a mí se parece cuando besa...
No sé qué hacer con este cuerpo mío,
alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo...
Me lo dieron desnudo, limpio, manso,
era inocente cuando me lo puse,
pero a ratos,
la razón me lo ensucia y lo adorable...
Yo quiero devolverlo como me lo entregaron;
sin embargo,
yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron.



sábado, 23 de enero de 2016

MERCEDES ROFFÉ




MEMORIAL DE AGRAVIOS


*

Más aun. Pensemos
en la reproducción mecánica. Casi una montaña rusa.
Casi una noria. Un ensayo de
                        poética circular. Una cascada como
una piedra, un bloque, un cuento
de nunca acabar.

*

La nave sin timón y el pez sin espada. Algo se mueve bajo los pies, que algunos llaman Duda. Como si la tierra se encaminara a algún lado. Reacción de inercia. Oxímoron, o más: paradoja. Ooooooops. Sentada en la cresta de la ola, una pluma en el sombrero del huracán. Asociación ¿libre? Te diré. ¿Quién eres? Lo que seas lo serás por un error de cálculo. No necesariamente una equivocación sino, más bien, lo que se dice un margen.

*

Vio a Cristo amamantando a los perros. Vio un hueco en el lugar del corazón. Vio una parva de heno, una oreja de Dumbo, una cola de buey, un grano de sal gruesa, un hangar, un telescopio. Vio una batalla de ángeles y demonios en el fondo de la
alberca. Y luego fue la lluvia, la lluvia. Enconada. Filosa. Intermitente. Las uñas de la Impaciencia tamborileando en la ventana. Los dientes de las horas farfullando el rosario del tedio.

*

La metáfora ha muerto.
Nada se parece a nada.
La más mínima fracción de cada átomo absorbida en la tarea de cumplir su ínfimo mandamiento. Sostenerse en el ser, cada mañana, no importa qué. La anatomía exhausta del ciprés... La terquedad crispada de los pinos... El blanco inocuo del hielo
en el dintel.
El orín del perro del vecino traza un surco en la nieve. Minúsculo. No menos
                 que todo lo demás. No menos que esta arrebatada voluntad, la inanidad segura de este intento.

*

Ciudades como mapas de ciudades, ángeles como pegasos, una iglesia, una veleta, y a un costado el laudista, como un mar enamorado de su nave.

*

Exabrupto confesional

Recuerdos —vagos— de esos poemas de Takahashi que empiezan
—todos—"Esta mañana, Su Majestad la Reina..." y con el mismo tono impasible, casi de cuento de hadas, con una ceremoniosi
dad digna, contenida, pasan a referir el espectáculo de la más desmedida corrupción.
No es la anécdota. Es ese oxímoron entre forma y contenido lo que hace de esos poemas un hecho necesario, útil, social: el poema como mito —en el sentido de síntesis y aglomeración de sentido—, como atajo para pensar y sentir en todo su estridor un fragmento, la intersección de dos ejes cualesquiera de una realidad que, de otro modo, se diluiría en los detalles de su propia indecencia.


*

                              La vi como quien viera un alba,
                              huyente...

Pérdida no es. Es, digamos, otro canto, otra decencia. Una voz que viene, se instala, se va. Reaparece, cada tanto, por el foro, como quien defiende un no sé qué de antiguo, de recato. ¿De qué lana será el escudo que la cubre? Filigranas de miedo,
como el hierro. Sangre. Herrumbre. Pánico de errar. De sufrir ¿qué? ¿Quién lo dirá?
Y mientras tanto
                    florece
                             la miro
como al día que pasa.



           De Canto errante seguido de Memorial 
                        de agraviosAmargord, 2011)


Mercedes Roffé(Buenos Aires, 1954), poeta, traductora 
y editora. Desde 1995 reside en la ciudad de Nueva York. 
Entre sus libros de poesía destacan Cámara baja (1987), 
La noche y las palabras (1996), la plaquette Definiciones 
mayas (1999) y Las linternas flotantes (2009).

FRANCIS PONGE


[Francis Ponge / portrait de Fernand Michaud]
       FP por Fernand Michaud

       
El caballo   


   Varias veces grande como el hombre, caballo de narices
abiertas, ojos redondos bajo párpados entornados, orejas
erguidas y largo cuello musculoso.

    El más alto de los animales domésticos del hombre, y
verdaderamente su montura indicada.
    El hombre, un poco perdido sobre el elefante, está en su
mejor aspecto sobre el caballo, un trono verdaderamente a
su medida.
    ¿nos vamos, espero, a abandonarlo?
    ¿no va a volverse una curiosidad de Zoo, o de Tiergarten?
    … Ya, en la ciudad, no es más que un miserable ersatz del
automóvil, el más miserable de los medios de tracción.

    ¡Ah, es también –¿duda el hombre de ello?- algo muy distinto! Es la impaciencia hecha aletas nasales.
    Las armas del caballo son la fuga, el mordisco, la coz.
    Parece que tuviera mucho olfato, buen oído y una vívida
sensibilidad del ojo.
    Uno de los más bellos homenajes que uno está obligado a rendirle es deber ataviarlo con anteojeras.
    Pero ningún arma…
    De allí la tentación de añadirle una. Una sola. Un cuerno.
   
    Entonces aparece el unicornio.

    El caballo, gran nervioso, es aerófago.
    Sensible el más alto punto, aprieta los maxilares, retiene
su respiración, después la suelta haciendo vibrar fuerte
mente las paredes de sus fosas nasales.
    También por eso el noble animal, que no se alimenta sino
de aire y de pasto, no produce más que bollos de paja y
pedos estruendosos y perfumados.
     Estruendismos perfumados.
     Qué dije, que se alimenta de aire? se embriaga de él. Lo
aspira, lo inhala, resopla allí.

     Se precipita allí, allí sacude su crin, allí hace volar sus
coces hacia atrás.
     Evidentemente querría levantar vuelo.
     La carrera de las nubes lo inspira, lo exaspera de emula
ción.
     La imita; se desenfrena, caracolea…
     Cuando chasquea el relámpago del látigo, el galope de
las nubes se precipita y la lluvia pisotea el suelo…

     ¡Suéltate del fondo del corral, fogoso ropero hipersensi
ble, de nudos redondos bien encerados!
     ¡Grande y hermosa cómoda de estilo!
     De ébano o de caoba encerada.
     Acaricien el cuello de este ropero, que enseguida adopta
un aire ausente.
     El trapo en los labios, el plumero en las ancas, la llave en
la cerradura de las aletas nasales.
     Su piel tiembla, soporta impacientemente las moscas, su
casco martillea el suelo.
     Baja la cabeza, tiende el hocico hacia el suelo y come
pasto.
     Hace falta un banquito para ver sobre el estante de
arriba.
     De epidermis cosquillosa, decía… pero su impaciencia
de carácter es tan profunda que en el interior de su cuerpo
las piezas de su esqueleto se comportan como las piedritas
de un torrente.

     Vista por el ábside, la más alta nave animal en el establo…

     ¡Gran santo! ¡Gran corcel! hermoso por detrás en el
establo…
     ¿Qué es ese espléndido trasero de cortesana que me
recibe? ¿elevado sobre finas piernas, con tacos altos?
     Alta volatería de los huevos de oro, curiosamente esquilada.
     ¡Ah, es el olor del oro que me salta a la cara!
     Cuero y estiércol mezclados.
     El omelette de olor fuerte, de la gallina de los huevo de oro.
     Omelette de paja, de tierra: con el ron de tu orina, surgido
de la ranura bajo tu crin…
     Como al salir del horno, sobre la bandeja del repostero,
Los bollos, las mil─pajas─al─ron del establo.
     Gran santo, tus ojos de judío, solapado, bajo los arreos…

     Una suerte de santo, de humilde monje en oración, en la
penumbra.

      Un monje, dije?... ¡No! Sobre su litera excrementicia, un
pontífice, un papa ─que mostrará en primer lugar, a todo el
que llegue, un espléndido trasero de cortesana, con ánimo
alegre, sobre unas piernas nerviosas elegantemente terminadas
hacia abajo por cascos de tacos muy altos.

       ¿Por qué ese choque de barbadas?
      ¿Esos golpes sordos en el tabique?
      ¿Qué pasa en ese box?
      ¿Pontífice en oración?
      ¿Colegial en penitencia?
      ¡Gran santo! Gran corcel (¿corcel o corso?), hermoso por
detrás en el establo,
      ¿Por qué, monje santo, te pusiste calzones de cuero?
      ─ Perturbado en su misa, volvió hacia nosotros unos ojos
de judío…

                                       
                               De Tentativa oral, Alción, 1995
 

              Trad. Silvio Mattoni