martes, 6 de octubre de 2015

OSVALDO PICARDO





México, junio de 1986


                      “Perdoname, estaban muy ricas, tan                               dulces y tan frías (William C. Williams)

¿Este sabor en la boca
entre ácido y algo dulce de una ciruela
no fue igual hace ya más de tres mil años?

Uno no sabe cómo explicar finalmente
esto que queda de la hinchada redondez
con que se llenó tu mano
ni tampoco ese duro deseo de durar
que resiste la copia de su podrida carne.

Una ciruela morada, casi negra
no es capaz de contener el universo.
Ni podrá hacer que nada cambie.

Ese sabor es una continua pausa
en que tropiezan la culpa y el perdón.













ALEKSÉI P. TSVETKOV





No es el viento

somos niños todos guardamos cama
rapados al cero en las sienes venitas azules
me han dado un libro y leo acerca de estepas
y bosques que no he visto en la vida
liusia que duerme a mi izquierda recuerda que iba
al parvulario pero el sentido de sus recuerdos 
es confuso
aunque lo describe todo son imágenes oscuras
no puedo imaginarme ningún parvulario
estamos enfermos pero nada sabemos de ello
porque estuvimos enfermos desde que nacimos
muchos adultos son buenos nos dan de comer
los adultos están para dar de comer a los niños

después de la siesta nos ponen inyecciones
viene el importante jefe de sección con mascarilla
a la derecha huele mal resulta que a kolia
le han salido llagas y le están vendando
kolia cuando podía caminar presumía y se pavoneaba
vio un escarabajo y un caballo dice tan grande
como un elefante pero después de la operación volvió
escayolado y como liusia y yo calla no molesta
en el libro hablan de un partisano aseguran
que lo abatió una bala fascista el libro se parece
a la verdad la cosa buena es que mueren
los adultos mientras los niños no saben más que 
vivir acostados

el día en que murió stalin nos llevaron a bañarnos
lloran pero aún así nos lavan día de baño en la sala
lusia en el catre como pollo en el plato
nunca llevó ni trenza ni vestido
mientras estamos tumbados cerca uno del otro 
desnudos nos enjabonan y la enfermera verka
canta que no es el viento el que dobla la rama que 
levanten el brazo los que no han olvidado el sabor 
del viento en la lengua
recuerdo que jugábamos con erizos de goma
por qué justamente con erizos ese día
lo guardo en la memoria por lo de stalin y 
nosotros acostados llenos de jabón los hijos del 
edén en el día del pecado original


                                   Trad. Eva Crego