miércoles, 5 de agosto de 2015

NATHANIEL HAWTHORNE





                           Wakefield

                            (Cuento)



Recuerdo haber leído en alguna revista o periódico viejo la historia, relatada como verdadera, de un hombre -llamémoslo Wakefield- que abandonó a su mujer durante un largo tiempo. El hecho, expuesto así en abstracto, no es muy infrecuente, ni tampoco -sin una adecuada discriminación de las circunstancias- debe ser censurado por díscolo o absurdo. Sea como fuere, este, aunque lejos de ser el más grave, es tal vez el caso más extraño de delincuencia marital de que haya noticia. Y es, además, la más notable extravagancia de las que puedan encontrarse en la lista completa de las rarezas de los hombres. La pareja en cuestión vivía en Londres. El marido, bajo el pretexto de un viaje, dejó su casa, alquiló habitaciones en la calle siguiente y allí, sin que supieran de él la esposa o los amigos y sin que hubiera ni sombra de razón para semejante autodestierro, vivió durante más de veinte años. En el transcurso de este tiempo todos los días contempló la casa y con frecuencia atisbó a la…cuentos


STANLEY KUNITZ


Stanley_Kunitz. BIOGRAFIA.


Fosforescencias


Formas del verbo ser
dormidas
desde tiempos adánicos,
salen de sueños malos,
fosfóricos
del mineral deseo.
Heridas
del frote de la tierra,
dejan sus intrincadas
huellas de espina,
en lechos de piedra.
Y por largos caminos de la historia
bajan,
borrachas de banderas
y de pequeñas lunas
A aquel, cuyo nombre es yo soy
-tras él marchan- lo marcan
con sus brotes de llamas
para que -tolbanera
de nubes- él les guíe
hasta el exilio blanco
donde habita la idea.


       Trad. Solita Salinas(escritora, 1920-2007)




ALEJANDRO PALOMAS





Alejandro Palomas

Una madre

                El buen funámbulo sabe que
                el verdadero vacío está arriba.


         A todos los que mantienen el equilibrio.
         A mi madre.
         Y a Rulfo, siempre.


                       Libro primero
            Algunas luces y muchas sombras


«No se puede encontrar paz evitando la vida, Leonard.»

       Virginia Woolf en la película Las horas,basada
       en la novela homónima de Michael Cunningham



                              Uno

Mamá había dicho que ella misma compraría las flores,
pero con tanto ajetreo se le ha olvidado pasar esta 
tarde por la floristería y nos hemos quedado sin. 
Ahora cuenta uvas a mi lado. Las arranca delicadamente 
del racimo mientras escucha la radio que
suena a tres bandas en el pequeño apartamento: 
en el transistor que está en la encimera de la cocina, 
en el que se ha dejado encendido
en su habitación y, por último, en el que tiene instalado
en el cuarto de baño y que raras veces apaga. 
Sentados a la mesa del comedor, ella cuenta uvas y yo 
doblo las servilletas rojas con estampados navideños 
mientras en el…/fragmentos/Una_Madre.pdf