lunes, 21 de diciembre de 2015

ALFREDO VEIRAVÉ





Nunca más


Nunca más los gordos caballos de la muerte entrarán a la plaza
a destrozar los canteros de plantas y de flores (amarillas)
de las tipas asustadas;
nunca más los bastones golpearán con esa furia
las cabezas ensangrentadas de los que ahora corren
bajo las nubes cirros, estratos, cumulus o nimbos;
nunca más estas flores de lapachos temblarán en la noche su color
rosáceo al oír los aullidos; nunca más esos aullidos cruzarán la
calle subiendo desde el sótano en el subsuelo de la madrugada.
Nunca más esos gritos terribles descarnarán la corteza de los
murales de la plaza desnuda,
         nunca más explotarán entre los intestinos o las bocas del  cuerpo/las convulsiones de la electricidad violenta;
(nunca más llamarás gritando a tu mamá en la violácea oscuridad lila y azul que oyeron solamente los jacarandaes florecidos de la plaza)
¿solamente?
¿nunca más? No lo sé /
porque hoy he visto a un tigre de Bengala correr a una gacela por
la llanura, a una boa constrictora devorar a una ranita saltarina,
a una araña correr sobre la tela al oír un zumbido.