lunes, 2 de noviembre de 2015

JOSÉ SARRIA CUEVAS





SULAMITA

Destilan sus cabellos el olor
del nardo florecido
mientras mueve su cuerpo al 
ritmo de las danzas.
Ataviada con linos de Siquem
la cintura ondulante se confunde con 
las joyas y adornos
que cubren el encanto de su vientre.
Sus pies descalzos
avanzan musicales
y mis manos mojadas
reposan en su pecho. Tras el velo
unos labios granados
me invitan a buscar
en sus fuentes la mirra
y el aceite.
Mi tienda es ancha
cubierta de bordados y tapices
He prendido la hierba
y esparcido el perfume.
Ven esta noche
sulamita y bebamos
del jugo de las uvas,
probemos la alegría
de la heredad terrena
y huyamos hasta el alba
quemando nuestros cuerpos.