lunes, 9 de noviembre de 2015

DANIEL BERRIGAN





EL ROSTRO DE CRISTO


La trágica belleza de la faz de Cristo brilla 
en nuestros rostros;

Ancianos abandonados viven
En cuarto miserables, muy lejos de cualquier dignidad.
Fuera,
Con estrépito y a propósito, el mundo, fiero animal,
Suelta riendas por la juventud. En su interior,
Un corazón pálido y tembloroso
Duda si tendrá hogar.
Nada, apenas algo cumplido de las promesas de la vida.
¿Qué es lo que hace
De los rotos y desechados
Un circo ambulante, un cementerio para el corazón?

Cristo, el que sale al encuentro de los rotos
Por las calles y entre parques; de los mayores 
destemplados
tanto ciegos como hombres anudados,
Tanto mudos como inmigrantes acoge
A todos en el nido de su Evangelio,
Recoge el tono y el grito de sus existencias.

Cuidadosamente, hace un cielo de tal imperfección
Arrasada y salvaje.
Sí, hace a todos entrar en él.