martes, 6 de octubre de 2015

OSVALDO PICARDO





México, junio de 1986


                      “Perdoname, estaban muy ricas, tan                               dulces y tan frías (William C. Williams)

¿Este sabor en la boca
entre ácido y algo dulce de una ciruela
no fue igual hace ya más de tres mil años?

Uno no sabe cómo explicar finalmente
esto que queda de la hinchada redondez
con que se llenó tu mano
ni tampoco ese duro deseo de durar
que resiste la copia de su podrida carne.

Una ciruela morada, casi negra
no es capaz de contener el universo.
Ni podrá hacer que nada cambie.

Ese sabor es una continua pausa
en que tropiezan la culpa y el perdón.