viernes, 14 de agosto de 2015

STEPHEN SPENDER





EL DIOS DE LA GUERRA

¿Porqué no puede la buena
Benevolente, posible
Paloma finalmente descender?

¿Y ser el trigo compartido?
¿Y los soldados enviados a casa?
¿Y derribar las barreras?
¿Y perdonar a los enemigos?
¿Y dejar atrás las ofensas?
Porque el conquistador
Es victima de su propio poder
Y su voluntad está forjada
En el miedo de otros miedos:
Recordando el ayer
Cuando los que ahora vence
Destruyeron a su padre-heroe
Y arrullaron su cuna
Con angustiosas fábulas.

Hoy su sol de victoria
Esconde la ansiedad de la noche
Para que los niños de la matanza
Pongan a prueba los dientes de dragón sembrados
En el ocaso del sol
Para levantarse mañana
En un cielo y un mar ensangrentados
Y vengar a sus padres de nuevo.

Aquellos que se rinden
En el desamparado campo
Pueden soñar con razones piadosas
De perdón, pero ellos saben lo que hicieron
En el alto sol de su estación.

Porque el mundo es el mundo
Y no la gran matanza
Que no absuelve al asesino
Ni escribe historias
Con finales de amor.

Porque  bajo las olas
Y la fricción de las cadenas de la desesperación
La necesidad de amor no cesa