martes, 12 de mayo de 2015

LUDWIG ZELLER











Escuchando a Venus


Nevó sobre mi vida y la blanca ceniza mezcló con lodo
Espejos destrozados, restos de muebles con amor de infancia,
Rostros que se apagaron ante el paso implacable de los días,
Sueños que emergen, se hunden en la redoma oscura
Donde charlo y discuto con seres ya difuntos, esperando
Que al fin pase la dulce, la preciosa esmeralda de luz
Por la que vine al mundo a soñar, no para ser metal 
donde golpean.
Porque yo sé, Ella avanza por ese río inmóvil del incienso
Y la mirra, invisible tal vez para nosotros, pobres mendigos
Ciegos que la esperan insomnes, clavados en las puertas
De astracán de la noche, escuchando el estruendo de su risa,
Los ecos de su voz, única agua que podría saciarnos.