domingo, 12 de abril de 2015

SUSANA ROMANO SUED


Foto: Ernesto Grasso


NARCISO


No habrá amor para ti pues no hay un doble.


  
MEMORACIÓN DE ORFEO


Presos en el azogue
y el espejismo del oasis
con que sueña el desertor de caravanas
ciegos como topos
soberbios en la madriguera
te ofrecía la horqueta
y el pellejo en que habían agriado los vinos
honda para lanzar la piedra
horneada en los ijares.

Tendía el calamar su pétalo
y hacía gemir la brasa
centrina derrotada.

Y vertía en las comisuras resecas
agua de pozo
y renovabas la promesa de no volver el rostro.

Pero había progresado la maldad
y la ambición era un veneno de serpiente
mortal en las esposas de los bardos.



TEMPORAE



II

Todo ángel
guarda en su interior algunas bestias
y toda bestia tiene a su servicio
a una legión de hombres
que adoran a los ángeles
a quienes creen sus guardianes.


V

La mujer trenzaba en su ombligo
un cordón de oro
y una soga de tripa.

Con la amorosa cuerda
cumplimentó su destino filicida.



CHADOR


Mudos son ahora los ojos de la cierva doncella.
Clausurará la boca sobre el verso
el párpado sobre el ánima.

Oh cerrazón ofensiva
precepto de alá y su doble.
Cruel consagración
por el enviado impuesta.

Membrana oscura de vileza
afrodisíaco
valla de lino que enjaula la virtud.

Por cuenta del emperador
se ha rasgado el muro de seda.
Se ha censurado el rostro
por obra del imán.

El gineceo hila su milenario silencio
en torno a los hombres que abominan.


                         de El corazón constante, 1989