viernes, 30 de enero de 2015

ILHAN BERK





LA LUZ DE IVI


Ivi oyó todo lo que se decía
Vio la torre ensangrentada, la torre dolorida, la torre ofendida
La torre en su vida, la torre en toda su vida mil veces sin Allah sin
          cielo sin ventana
La torre cinco mil veces sin las callejuelas, sin tiendas, sin casas, sin
          ciruelas amarillas, sin vivacidad
Había sido la torre.
Ivi sabía esto.
Ivi conocía los hombres
Habían bajado al mar, habían hablado con los peces, algas,
          mejillones, qué no les habían dicho a los peces, algas,
          mejillones.

Ivi pensó en todos los dibujos que había hecho
Pensó en los dibujos en los que había convertido los negros en blancos
Por más que ella sola trajera y pusiera en su sitio a un negro y a un
          blanco
Era inútil.
Vio que la soledad
La pusiera donde la pusiera, la agarrara donde la agarrara, la llevara
          donde la llevara
Aunque la sacara a la calle, la colocara en una ventana, se la llevara
          al mar
No era para el ser humano
Ivi comprendió a la torre
Cogió el mar se lo llevó a sus pies.
La torre echó una mirada al mar
Dos miradas
Tres miradas
Se tiro dentro.

Ivi cogió a los hombres
Los lanzó a vivir a trabajar.

                                               de MAR DE GALILEA

Trad. Clara Janés y Çagla Soykan


Ilhan Berk(1918-2008), poeta, traductor, filologo y docente turco.

LUIS DE PABLO

jueves, 29 de enero de 2015

DANIEL MARTINEZ





VII


En la isla de Mussau las adolescentes
escriben inocentes poemas de amor a sus amantes
en un papel especial construido
con una planta llamada Giencian
de la que se extrae la celulosa
que se mezcla con las hojas de mora
para alimentar los gusanos de seda

este papel tiene una textura especial
                              y un bello aroma

luego bordan con hilo de seda
sus iniciales junto a las de su amante
y las guardan
en un sobre del mismo material
al que todos los días
cambiarán de lugar
hasta que lo encuentre
el duende anudador de los enamorados
(saiijiek-siiniej)

cuando se les cumple el deseo
arrojan el sobre al fuego del hogar
para detener en el tiempo
ese instante de dicha y felicidad



SUR

Dame un pedazo de Sur
para acunar el futuro de mis hijos
para amar el cielo de los ojos de mi amada
para plantar el árbol en la tierra
que guarda los huesos de mi padre

dame un pedazo de Sur
donde conozco el nombre de los pájaros
de las flores
y el sabor de las uvas y su sangre
y el aroma del aire antes de la lluvia

dame un pedazo de Sur
de su historia llena de cicatrices
de muertos sin nombre
de piedras y caminos rotos
de absurdas promesas repetidas

dame un pedazo de Sur
con los fantasmas de los amigos que se fueron
que por las noches sueñan
con ser parte de la memoria del aire
que el viento devuelve
en un atardecer de zambas
en un coro de álamos a orillas de una acequia

dame un pedazo de Sur
en la tibieza heredada de un mate compartido
en un domingo de sol y patio
donde los abuelos y los hijos
juegan el eterno juego de la vida
mientras nos reconcilian con los asombros del ayer

dame un pedazo de Sur
con esa gente que tiene el mismo idioma de sueños
la misma mirada de ver la belleza
las mismas dudas la misma fe

dame un pedazo de Sur
que yo sé lo que es estar ausente:

de lejos el Sur llueve por los ojos y nubla la alegría
y la única manera de que vuelva el sol
                        es respirar un pedazo de Sur


Su blog 
       katrulibros.blogspot.com.ar/


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RICARDO POCHTAR




OSTINATO


Pienso en el tiempo.
 “Imposible, si no sabes
qué es el tiempo.”
Pienso en lo que del tiempo
no se sabe.
Pienso en el tiempo sin saber
si queda tiempo.


Ricardo Pochtar (Buenos Aires, 1942) reside en España.
Ha publicado dos libros de poesía: Lugar diseminado(
Buenos Aires, 1993) y Clinamen (Gijón, 2006).
Es traductor de narrativa y ensayo del francés, inglés e 
italiano.

ALFREDO JORGE MAXIT





Apuesta


Las palabras no van hacia el silencio.
Algún día alguien las encuentra
por las calles perdidas de los libros
y las vuelve a abrir como una flor,
una puerta o una blusa.

Las palabras no mueren con el hombre
que las puso a vivir en las esquinas
del dolor o el regocijo.

No callan del todo con certeza.
Les queda el soplo de la luz
alguna otra vez entre las hojas.



VENTURA


Tal vez así nacieran las palabras,
como una débil luz sobre los lagos
después de la neblina.

Tal vez también nacieran a la tarde,
cuando el sol demora
salirse del crepúsculo.
Tal vez ellas dijeran la ventura
de una mano de tierra
en otra mano.




GERMÁN MARÍN





Sacando viruta

(Cuento)



..... Esa mañana esperaba tranquilo la jornada en casa, al margen de las preocupaciones de la calle, dispuesto a continuar la novela que, casi a diario, escribía sin apuro de forma manuscrita. Una cuartilla al término de trabajo me dejaba satisfecho, aunque la cantidad no era excesiva, lo cual distaba de preocuparme pues más que nada me interesaba el proceso, la generación misma de inventar. El brillo del verano todavía estaba...más
                                                                                     /archivomarin


JASPER JOHNS

miércoles, 28 de enero de 2015

PAUL LISICKY





INSTANTÁNEA, HARVEY CEDARS: 1948


Mi madre se toca la frente y deja en sombra sus ojos verdes. La boca es rosada, el pelo rubio como el trigo. Está bronceada. Es la mujer más bonita de la playa, aunque es la única que no lo reconoce nunca. Se envuelve el esbelto cuerpo con un albornoz y hace una mueca, porque cree que sus caderas son como una campana. Aún ahora está calculando y esperando oír el chasquido del cierre de la máquina de fotos.
Los brazos de mi padre la sujetan fuertemente por los hombros. Es musculoso y con el estómago plano como una sartén. Mira hacia adelante y aparenta estar con mi madre, pero está ya en Florida, edificando nuevas ciudades, drenando manglares muertos llenos de arena. Se imagina construyendo, construyendo. Estará sano. Tendrá buena suerte. Y, en años futuros, como sus compañeros del ejército, se habrá vuelto blando y afeminado, todo se le volverá duro trabajo, pero la gente recordará su nombre.
Los hombros se tocan. La postura dice: así es como se supone que deben ser las parejas jóvenes. Observénlos, son felices. Pero la cabeza de mi madre está ladeada. ¿Qué está mirando? ¿Mira al jugador de tenis que está junto a la ducha, al aire libre, el de las manos suaves, el que le enseñó a olvidar las cosas?, ¿o quizá ya oye el disparo del revólver que mi padre apretará contra su propia sien veinte años después?


                    En Flash Fiction. Very Short Stories, ed. James 
                    Thomas et alii,New York, Norton, 1992.


     Trad. Mª Teresa Díez Taboada


Paul Lisicky, Estados Unidos, 1959.

MARK DOTY





Pequeño mamut


La leche de mi madre en mi panza

y un poquito de su caca también,
para que yo pudiera comer

de las ácidas estepas verdes
que se abrían infinitamente

ante mí, pero no acababa
de resbalar en el sol y en

la pradera del mundo cuando otra vez
resbalé en este barrizal,

y grité, y gritando
sorbí arcilla por mi trompa

hasta yacer aquí en el fondo,
mis colmillos de leche aún sin

asomar, lista ya una suave pelusa
de grasa para mi primer invierno,

y sólo tengo un mes de vida, y
cuarenta mil años sin mi madre. 


                      Versión de Pedro Serrano


Poeta estadounidense nacido en Maryville, Tennessee. Autor 
de varios libros de poesía, sus creaciones más recientes son 
Sweet Machine (1998), Source (2002), School of Arts (2005) 
y Fire to Fire: New and Selected Poems (2008).
  

CORMAC MCCARTHY





The Road


Hace aproximadamente un año, finales de marzo tal vez, sucedieron en mi existencia tres cosas -quizá fueron más sin saberlo, pero ahora son tres fundamentales las que recuerdo- que me acuden a la memoria de repente y se asocian a esta espera lenta, Mateo con fiebre, que busca con sus ojillos azules mi mirada, que me sonríe ardiendo, con sus mofletes enrojecidos y esos labios gruesos y carnosos, iguales a los de…



TONY HOAGLAND





Acostarse con un hombre 


En aquellos días pensaba que tenía que
hacer todo aquello que me daba miedo,
así que me acosté con un hombre.
Era un punto más de una lista
dormir en un cementerio, bajo la luna llena,
no apartar la mirada de la cara golpeada y quemada de la chica,
atarme en la catapulta
de alguna píldora azul y eléctrica.
Eran los setenta, toda nuestra generación
estaba más que dispuesta a cortar con una sierra
la rama sobre la que nos sentábamos
para ver cómo era aquello de caer -bump, bump, bump.
Conocer lo peor de uno mismo
parecía como una auto-mejora entonces,
y el sufrimiento era una aventura.
Así que me acosté con un hombre,
lo cual no recuerdo muy bien
excepto que no fue divertido.
Las cortinas se agitaban en la brisa
proveniente de la parilla de una radio negra. Van Morrison
llenaba la habitación como un aftershave astral.
Acosté mi masa de engaños
al lado de su masa de engaños
en una habitación oscura en la que luchaba
con ese viejo adversario, yo mismo
-con la forma, esta vez, de un cuerpo-
en algún sitio entre el cielo y la tierra,
dos cosas a las que tenía miedo.



Trad. del inglés de Julio Mas Alcaraz

ROBERT HASS






El mundo como voluntad y representación


Cuando era niño mi padre todas las mañanas,
algunas mañanas, por un tiempo, cuando yo tenía como diez años,
le daba a mi madre una droga llamada antibús,
que te hace vomitar si tomás licor.
Eran unas píldoras pequeñas y amarillas. Él las aplastaba
en un vaso, las disolvía en agua, le acercaba
el vaso y se quedaba mirando atentamente mientras bebía.
Era a finales de los años cuarenta, una época,
una sociedad, en la que los hombres se levantaban,
se iban al trabajo y dejaban a las mujeres con los niños.
Él me guiñaba el ojo al estilo de los años cuarenta.
La observaba de cerca para que ella no pudiera “salirse
con la suya” o “vacilar” a un par de tipos
jugados como nosotros. Escucho esas frases
en películas viejas y empiezo a divagar.
La razón para aplastar las medicinas con tanto cuidado
era porque una píldora puede esconderse debajo de la lengua
y escupirse después. El motivo por el que este ritual
era llevado a cabo tan de mañana me decían,
y sabía que era verdad era que ella podía,
si quería, provocarse el vómito,
así que había que vigilarla hasta que su organismo
absorbiera el medicamento. Difícil expresar, en estas líneas,
el ritmo de todo el acto. Él molía dos píldoras
en un vaso hasta pulverizarlas, lo llenaba de agua,
se lo daba a ella y la veía tomar.
En mi recuerdo él está usando un traje gris,
de punto de espiga, y una camisa blanca que ella había planchado.


Algunas mañanas, como en aquellas historietas
en las que Dagwood se largaba pronto para aplacar
al señor  Dithers y dejaba a Blondie con boronas
de tostadas y riachuelos de yema de huevo
por recoger antes de irse de compras
lo que la historieta llamaba maratón de compras
con Trixie, nuestro vecino de al lado, mi padre
tomaba uno de los primeros buses y me dejaba a mí
la vigilancia. “Echale un ojo a mamá, compañero”.
¿Conocés aquel pasaje de la Eneida? El hombre
que abandona la ciudad que arde con su padre
en hombros y que sostiene la mano de su pequeño hijo
con la intención de ayudar entre los tapices en llamas
y las columnas que se caen mientras el profeta ciego,
con los brazos elevados al cielo, aúlla desde la recámara interior:
“La gran Troya se derrumba. La gran Troya ya no existe”.
Deprimida en su albornoz, arrepentida  y dócil,
en la mesa de la cocina mi madre sentía náuseas y bebía,
bebía y sentía náuseas.
De algún lugar tomamos nuestra primera idea
moral sobre el mundo, sobre la justicia y el poder,
el género y el orden de las cosas.


Versión de Gustavo Solórzano Alfaro, a partir de la 
traducción de Jaime Priede y del original en inglés.


/un-poema-de-robert-hass.

PATRICK MODIANO





la hierba de las noches(frag)


Pues no lo soñé. A veces me sorprendo diciendo esta frase por la calle, como si oyese la voz de otro. Una voz sin matices. Nombres que me vuelven a la cabeza, algunos rostros, algunos detalles. Y nadie ya con quien hablar de ellos. Sí que deben de quedar dos o tres testigos que están todavía vivos. Pero seguramente se…
                                                                                                 /ACÁ