martes, 9 de diciembre de 2014

JACQUES DUPIN





Tirones


Lengua de pan negro y agua pura,
cuando una azada te revuelve
el cielo entra en actividad.
Nuestros brazos enamorados ennegrecen,
nuestros brazos obreros se anudan.
Sólo la fuerza
de volcarse en el barranco
nuestro cadáver sucesivo
y mi biblioteca de piedras.
Tu nuca, más abajo que la piedra,
tu cuerpo más desnudo
que esta mesa de granito…
Sin el trueno de una sola de tus pestañas,
¿te habrías vuelto la misma
lisa e imperceptible enemiga
en el polvo de la carretera
y la memoria del glaciar?
Amores anfractuosos, volved,
rasgad el cuerpo clarividente.
Con la inmovilidad convertida en
un viaje puro y afilado,
tú esperas tu degollación
por el hacha de las tinieblas
de este cielo monótono y loco.
Ah, que brote y vuelva a caer,
tu sangre ciclópea
sobre las labranzas exhaustas,

¡y nuestros labios muertos!


Trad. del francés por François-Michel Durazzo




JULIO AUMENTE

(Foto: Juan Manuel Vacas / 'Diario Córdoba')


Al filo de las noches


Un cuerpo que se entrega no es difícil hallarlo.
Eso eras tú, un hermoso cuerpo divino y vivo.
Una breve cintura, un racimo dorado
en tus ojos brillando entre los ríos de Agosto.
Pero es fácil que un cuerpo fulja como una gema
si como amor se mira, con verdadero amor.
Amor y no esa débil pasión que muere a un tiempo
con el último goce de los cuerpos vencidos.
Para mí la palabra, para ti la caricia;
para mí la sonrisa y el arco de tus cejas,
para mí el fruncimiento de tu labio rosado,
superior, tibio, altivo, carnal, condescendiente.
Pero el amor no muere porque nunca ha nacido
en ti, que languideces al tocar de los dedos.
Tú buscas el secreto, la dulzura, el peligro
del momento robado al filo de las noches.
La amistad para ti, o el amor, eran sólo

nombres a que invocar en las horas perdidas.




La dama del camafeo


Acodada en el ventanal
con la mirada ida, estás pálida y blanca
contemplando la luna azarosa,
pensando en quién te juró y prometió amarte siempre.

Desdichada doncella soñadora,
predestinada víctima del discreto amador.

Así en marfil o concha perlada, en amatista o ágata transparente,
tu perfil delicado, la fantasía o decepción
tiñen de carmesí suave tus mejillas,
tristeza de unos ojos húmedos de inútil esperanza.



YVES BONNEFOY


Imagen


TEMPRANO, esta mañana, la primera nevada.
El ocre, el verde
Se refugian debajo de los árboles.

La segunda, a las doce. Del color
Sólo quedan
Las agujas de pino
Que caen, también ellas, más tupidas a ratos que la nieve.

Luego, de atardecida,
El astil de la luz se inmoviliza,
Las sombras y los sueños tienen el mismo peso.

Sólo un poco de viento
Escribe una palabra con la punta del pie
Fuera del mundo.


                       en Principio y fin de la nieve
                           (Hiperión, 1993).

Trad. Jesús Munárriz

             

FÉLIX FRANCISCO CASANOVA





CONVERSACIÓN


No quisiera ponerte nerviosa.
Es la primera vez que algo
nos va a separar,
porque es la primera vez
que te produciré auténtico
miedo.
Así que empiezo otra vez:
quiero ponerte nerviosa,
quiero que tiembles
y quiero que aprendas
a hacerme temblar.
Amo a la gente neurótica,
los cuchillos y las guitarras eléctricas.
Soy un hombrecito insano,
el más perfecto de los traidores
porque no tengo causa.
Desconfía de mí,
que se trabe tu lengua
al darme la espalda.
Ése es el primer paso.
Toma conciencia de que mis manos
no sólo sirven para acariciar
y hay muchas palabras
que contigo nunca he usado.
Fíjate en que esto ya no es un poema,
que yo no soy el mismo para ti
desde que empezó este diálogo.
Imagínate sufriendo
toda la eternidad
el aullido del parto.
Suéñate en un coito largo como la vida,
conocer de memoria las lentas variaciones
del rostro durante el orgasmo.
Vivir el placer de los fantasmas,
el placer de las camas que soportan cuerpos y cuerpos
sin diferenciar si eres un vivo o un cadáver.
¿Ya tiemblas?
Quisiera ordenar con lógica
mi discurso,
pero no puedo.
Sólo deseo que te hundas
en mi carne cenagosa,
gritarte desde el infierno:
¡Ayúdame, ayúdame
con tu viejo pelo negro
y tu boca redonda!
¿Me comprendes?
Huelo tu miedo pequeño y frágil
que invade tu conciencia virgen
y los correosos deseos rojizos
que arden en ti y no reconoces.
Mujer desnuda en una doble página
de un libro de arte,
tomada salvajemente por un jíbaro loco,
por un niño dado a luz en un pesebre,
barrida por el aliento sucio
de maridos que emigran en tren de medianoche,
con voz de odio hciendo el amor, de
chorlito dorado americano y de
gato chino del desierto.
Porque el Amor es una enorme trampa
para cazar hormigas y elefantes,
pero la palabra Amor
es como la palabra Dios,
siempre con mayúsculas
para que no se esfume el encanto.
¿He logrado confundirte,
o sólo he conseguido que me beses la frente
y murmures con ternura que estoy enfermo?
Lo cierto es que ya nunca me verás igual,
siempre imaginarás secretos
oscuros encerrados en mí,
¡pero eso es lo que quiero!
Le daré otro giro:
ese amor de llorar en una despedida,
de presentir los próximos gestos
educados y gentilmente eróticos
a que te has habituado,
de gozar con las palabras de agua,
olas mansas que no producen el menor daño,
te aplacan la sed
e impiden que te tortures
más de lo establecido.
Pero yo te susurro
venenoso
que existen
los trenes secretos del corazón,
las huellas en los pasillos de madrugada,
las jeringas jadeando
en encerradas habitaciones,
los pechos azotados por látigos de semen
y los sueños sangrientos…
Porque la Represión es
la más peligrosa caja de Pandora,
porque el dolor oculto
es el arma mejor montada,
porque ser consciente
es vivir siempre junto a la muerte,
delante,
atrás
o en medio como nosotros,
la raza de los agonizantes.
Estoy seguro de que me vas comprendiendo:
hay un millón de sensaciones
que te entran por un ojo
no más levantar el párpado,
el otro espera cerrado
su oportunidad.
Éste es mi último intento:
quiero verte alcohólica
para que me escupas en la boca,
quiero que te sientas
camello, león y niño,
quiero verte en forma de hombre,
quiero que veas en mí
un espejo interminable
y que te arrojes a él
con todas tus fuerzas,
hacia el fondo,
lo hondo
del
fondo…

Sssh,
mi amor, no llores más.
Fue tan sólo una broma.
Caminamos por un parque
y llueve
sobre nuestras cabezas unidas.
Es todo maravilloso
¿o no?
… Oye, amor, contesta…
¿O es que te has quedado
muerta?


                          (20 abril 75)



ANTONIO JIMÉNEZ PAZ





A FÉLIX FRANCISCO CASANOVA


Hay un hombre frente a mí
cuyo deseo es abrevar la marejada.
Con sesgo se retuerce,
como víbora serpentea,
me tira del calcetín...
este hombre no sé lo que quiere.

Fino como alambre,
ratero como los ladrones,
este hombre se babea
como rastrojo del alba.
Es casi una sombra,
casi un vuelco de luna,
casi una rana de estanque
caída en pedazos.
Hay un hombre frente a mí
que alimenta su veneno
con el caldo de mi piel.
Me ha chupado los labios
y ya no duermo en paz.

Lleva maletas de mi espacio.
La primera vez que lo vi
lucía blanca la yerba de su alfombra.
Y hoy, martes de dinosaurio,
roba hojas de mi despacho.
Hay un hombre frente a mí
callado y sudado,
no sabe desdoblar el insomnio
comprando silbos a la madrugada.

Pretende fomentar la brisa,
aumentar la huella dejada.
Pretende, al fin, quedarse ahí
y no sé cómo despedirlo.
Sentirse agua es su constancia,
aguarse su remordimiento.
Este hombre navega despacio
horadando soñoliento
las fauces de la noche,
el estertóreo rumor melancólico
de las aves en un cerco.
Hay un hombre frente a mí
penetrando el túnel de mis ojos.

Como rama de canela
se levanta su olor a madera,
como cigarra mortecina
aúpa en salto un presagio.
No tengo qué ofrecerle.
Tampoco él ofrece algo.
Urgente e incapaz se enamora
de la ciénaga, del leopardo,
del buitre ponzoñoso,
de la estercolera humana.
Y, disimuladamente, se escurre
entre mis papeles.

Arde su traje de lentejuelas,
se codea con el péndulo del sonido:
realmente un sonido basta.
Hay un hombre frente a mí
que ya no sé si está enfrente.
Pretende matarme,
llevarme al huerto de su escarnio.
Come alcanfor tintado
desnutriendo mi corazón por dentro.

Se estira al sol como lagarto,
como cántaro junto a la acequia,
como alvéolo borracho
me alcanza una copa
repleta de fécula eyaculada.
Pretende convertirme
en un muerto manso.
Acepto la inexactitud
del sexo que me ha robado.
Hay un hombre frente a mí.
No sé cómo enterrarlo.


Antonio Jiménez Paz(La Palma, 1961) autor de:
Los ciclos de la piel (1992), Tratado de ornitología
(1994), Diario de la distancia (1996), Tren de vida
[1992-2002], 2003, Casi todo es mío (2005); Zoo
sin fauna (2009): republicado en formato ebook
y en papel por Editorial 23 Escalones, 2010).

JUAN BERNIER


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Tierra de amor


Vamos al río junto los dos
joven tu cuerpo y mi alma joven,
vamos al río dorado por el sol de julio
donde el agua está caliente como nuestros cuerpos,
caliente como la arena y el limo seco,
libro abierto para escribir los pasos de los amantes,
vamos tu y yo donde no hay sino cristal y orillas 
de álamos blancos,
junto al río espeso donde nuestra voz será única entre la 
vibración inerte de la siesta.
Vamos allá entre los tarajales y las adelfas amargas
cuando no hay flores ni rocío, sino ardor de hojas 
y ramas asfixiadas,
cuando muere la hierba entre el estallido de 
las libélulas radiantes
y los insectos rojos pregonan el parto múltiple y 
alborozado de la tierra.
¡Oh! Hacia esta tierra rezumante de calor como un 
vientre de madre,
los dos juntos para bañar la sal de nuestra frente en 
su estanque de polvo,
para en el agua volver a la arcilla primera,
al barro virgen y nutricio del que tu y yo somos hechos.
Estas ropas de la ciudad y el mundo las dejaremos 
abandonadas para no encontrarlas nunca
Y sonreiremos a la irrupción súbita de nuestros 
cuerpos desnudos,
Desnudos como los árboles o los guijarros que 
el agua transparenta
En el paisaje limpio, horizontal del río.
Vamos junto a él que tiembla como un inmenso crisol 
de plata encendida
engaño de una frescura adivinada por el olor de los juncos
donde nuestros pies se apagan de pronto y sube por las venas, 
la fría sangre estremecida de los peces
profundos.
¡Ah! Juntos los dos, el agua como un cuerpo que se escurre 
en los brazos
me quitará el tuyo en un juego blanco de raudales de espuma
hasta venir con tu roce de anguila buceante
a sorprender el escalofrío gozoso de mis muslos.
Ven que nos hundamos luego en la arena y el barro escurridizo
donde muera riendo la línea convexa y pura de tu forma
donde se destruya tu color, tu suavidad y tu tersura
en el bloque virgen de tu ser no esculpido.
Ven, ven y que de pronto ante mis ojos fijos
se rompa en agua clara y reviva la estatua de tu cuerpo perdido
como un mármol mojado por la lluvia del alba
como un lirio blanco en el vaso verde y oro del río.


Juan Bernier Luque(La Carlota, 1911 - Córdoba, 1989),
escritor español, perteneciente al Grupo Cántico.
Aquí en la tierra (1948), Una voz cualquiera (1959)
Poesía en seis tiempos (1977), En el pozo del yo (1982)
Los muertos (1986), Poesía completa (2011)