viernes, 27 de junio de 2014

MARIO TREJO





convivir con los muertos


        Para Drummond de Andrade, un maestro


Mario amaba a Mariana
que amaba a Milton
que amaba a Irene
que amaba a Víctor
que amaba a Dolores
que amaba a nadie.

Hoy, Mario gitanea.
Mariana vive con un hijo en Andorra.
Milton trafica coca de Santa Cruz de la Sierra
a Buenos Aires.
Irene murió en un secuestro aéreo.
Víctor se hizo mierda.
Dolores se casó con el doctor Braun,
un suizo que la dejó - harto de sus melancolías -
y luego se juntó con un fechorista griego
con quien vive ahora - loco y feliz -
en el Hotel Belvedere de Taormina.
Aún suelo verlos, dispersos sobrevivientes.
Hablamos de nosotros como de otra película.

Hemos aprendido a convivir con los muertos.


IMAGEN AQÍ

ROY FULLER





Ferry


Las ideas más viejas y sencillas
surgen con la antiquísima luna:
que ella esmalta bajo su esfera
a hombres y artillería,
gargantas y párpados y pelo
rígidos en el amor y en la guerra;
que eso ha ocurrido antes.

Y que el hombre solitario
alza la cabeza y se estremece
con la clara percepción de la locura,
del estado y la edad de su planeta
–donde sea que se pare entre los hombres,
cual sea su conjunto de principios–,
del momento crucial y prolongado.

Esta noche la luna se ha elevado
sobre un puerto apacible,
entre hierros retorcidos y trabajo,
alumbrando los barcos semihundidos.
Oh, el abismo fatal seguro
está más cerca, ¿los pasos furibundos
más veloces? El plateado se aparta a la deriva

del ángulo de la estela:
la luna inunda los rostros.
El momento ha pasado: las fuerzas
que controlan la naturaleza leonina
miran por los ojos y preguntan:
¿puedes creer en un futuro
dejado solamente a la roca y la criatura?


                      Versión © Gerardo Gambolini






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