lunes, 23 de junio de 2014

CARLOS PRIETO





Las aventuras de un violonchelo

Historias y memorias

                                         CARLOS PRIETO















LOUIS SIMPSON















La Batalla


Casco y rifle, mochila y capote
Marchando por el bosque. En algún lugar adelante
Los cañones retumban. Como el círculo de una garganta
La noche a cada costado se hace roja.

Se detienen y cavan. Se hunden como topos
En la viscosa tierra entre los árboles
Y pronto los centinelas alertas en sus huecos
Sienten la primera nieve. Sus pies se comienzan a helar.

Al amanecer la primera granada cae con un estallido,
Luego granadas y balas cruzan las heladas maderas.
Esto duró muchos días, la nieve estaba negra,
Los cadáveres hedían en sus huecos escarlata.

Lo que más claramente recuerdo de esta batalla:
El cansancio de los ojos, como las manos parecían delgadas
En torno a un cigarrillo y la brillante ascua
Vacilaría con toda la vida que en ella hay.










JAIME LABASTIDA





Afrodita en el polvo


El sol, colérico de sales,
contra el agua arremete.
Hermano con hermana se acarician.
Y un cielo azul está (cubriéndola),
encima de la tierra: hijos nosotros
de esa feroz contradicción, las bestias.

Pero de líquenes, de aceites,
el cielo en la tierra se vacía.
Cargada queda así, a punto de parir
lechuzas, tallos o tubérculos,
cuando del cielo, del esposo, cae la sangre:

fuimos nosotros, nunca el tiempo,
quienes violentos arrancamos
los testículos de óxido del cielo
y con el fruto de la castración construimos
este altiplano de mercurio y sodio.

Dejando atrás espumas, violenta la sonrisa,
el amor enraizó aquí su cabellera;
porque fueron sus hebras las crecidas,
tiernas ramas de los ahuehuetes.
El amor reposó aquí
de sus débiles miembros agotados.
Y crecieron las hierbas a su paso,
se elevaron águilas de espuma y cicatrices.

Pero llegamos los indignos,
los que nada sabíamos.
Como los animales, devoramos.

Hachas de piedra o bronce,
machetes de ceniza.
Devastamos los montes,
destruimos las praderas,
sepultamos a Afrodita bajo el polvo.

Y ahora de la cuenca del lago sube este
violento buitre de mirada blanda
y en su esqueleto cálido se posa.

Hemos de respirar esa desgracia.
Porque los días son álamos de polvo,
buitres que asedian la ciudad,
nubes arteras que acaban nuestro oxígeno.



JL(Los Mochis, Sinaloa, 1939), poeta, ensayista, filósofo,
periodista y académico. Entre sus obras poéticas destacan
Animal de silencios, 1996; Elogios de la luz y de la sombra,
1999, y La sal me sabría a polvo, 2009.

JOSU LANDA





LA GEISHA Y EL DRAGÓN


Porque la distancia no existe
(y si existe no significa nada)
estoy ahora en tu alcoba
mónada en la espesura de Asakusa
Tokio abandonada al farol y la tiniebla

No voy a decirte cómo
pero debemos creer en los dragones
y si no es el dios saurio
lo que se traga tantos kilómetros

es porque el animal está en mí
dicho (y hecho) por las fauces de fuego
y la ausencia de alas (en el tronco)
y sin embargo se mueve
porque estoy ahí
aquí
contigo
y se me parte el cardiograma
y me concedes (antediluviana) tu mano
tu arte de bordar el cielo y la delicia
con la seda transparente de tus dedos
mariposas
y tus labios floreciendo en las maneras
de tu cuerpo
gozan de mí y en mí
hasta brotar los destellos del clímax
Sé que tú también vives este júbilo extraño
tú y tu piel
sabia en advertir el grano de arroz
bajo el muelle océano de plumas




La mesa servida


Que quede claro el olor de las espigas en la santa inmensidad del mantel,
apenas pronunciada por el suave jacinto virgiliano en el medio,
la pausa de lo que ha de venir o bálsamo para el amasijo de soledades,
con las cabezas ahora desnudas,
guardado ya el idioma de lobos y la marca de las estaciones violentas.

Véase la tabla en su faz de arca, barca o inocente ara,
pero más aún el remanso como red de las miradas (patrias hasta ahora de las lejanías),
las filtraciones de un fuego mutuo,
el ir y venir de los flujos invisibles en los vasos entre borde y borde implícitos,
sin menoscabo de las puertas fidedignas a la brisa,
al temblor de la vegetación atenta
a la llegada de Venus.

Heidegger esperando su comida

(De sol ha de ser la piedra
de ese cimiento intangible y nudo.

De sol, la cabecera o ducto
hacia el campo y lo insondable)

Todo lo alto
(lo sumo)
está aquí:
en la dignidad de las manos limpias,
en el pan pobre pero verdadero,
en el leve tesoro del grano abierto,
en la leche sin mutilaciones,
en el néctar sincero de las flores y frutos familiares,
en el barro de los platos hermanado al humus de los cuerpos.

(Maldito, el que nos prive de esta hostia mínima)

Nada de carnadas a precio de moro.
Menos aún la velocidad, los diezmos venenosos del tiempo.
Aparte el cáliz del fasto y el neón.
Aparte incluso el vocabulario de las lejanas comuniones:
no lo de tomad y comed,
no lo de tomad y bebed.
No más ansias de multiplicaciones
(en verdad, en verdad os digo).

En todo caso: alto total del día
en la conjunción del humo y el aliento,
   del cielo y los aromas.
Alto al principio de dolor.
(Desgraciado, el que nos niegue este paréntesis)

En todo paso: alto a los despreciadores y depredadores:
bendición plena a la ceremonia de las bocas:
viáticos a la caravana de la tierra hacia la tierra.

Que se respire este placer.
Que se sienta honda la liga de lo dulce y lo salobre.
Cómo se atemperan los corazones en el caldo hospitalario.
Cómo asciende desde la sangre presente una música llana y pura.
Los hijos imbuidos en el humilde sacerdocio de los antepasados.
El torvo acto de las lenguas amasando sabores y palabras.
La voz de los ausentes emergiendo con el halo de las especias.
El despuntar de un centro más del mundo
en la breve intemperie de altar
      balsa
      isla afortunada.

Que se sepa:
nada hace tanto contra tanta daga
                       contra tanto dogo.

Que se palpe la luz total en las ondas de este instante.


¿Quién recuerda aquí a la muerte?


Josu landa(Caracas, Venezuela, 1953). Poeta, narrador y ensayista.
Reside en México desde 1982. Profesor de la FFyL de la UNAM.
Premio Carlos Pellicer 1996 por Treno a la mujer que se fue con
el tiempo.

ALFREDO VILLANUEVA COLLADO





PUÑETAS


De niño,
consolaron el miedo a la noche.

De adolescente
descargaron el miedo a la vida.

De adulto,
fueron suplemento compartido.

Y ahora,
alivian el terror, y
la espera.











Manifiesto  


Este poeta
va a hacer un esfuerzo supremo por no hablar de sí mismo.
No se va ocupar de las hemorroides metafísicas
ni de los infartos revolucionarios.
No le importarán las barbas del espacio.
No va a llorar porque el amor no existe
ni la justicia, que siempre ha sido injusta.
No va a cantar ni vaginas ni pajas
ni  encuentros que terminan vomitando ausencias.
Se pasará por las verijas los golpes
de estado, las bombas y los infortunados de este mundo.
Evitará los besos, las estrellas,  los domingos tristes.
No andará buscando ni causas ni congresos.
No se le ocurrirá  ser solidario.

Va a intentar despegarse de la roca
del ego, donde ha subsistido
por siglos, vampiro alimentado
de ese semen, o sangre, que provee el espejo
que le miente cuando le llama hermoso,
y le miente cuando informa meloso
que lo que escribe es tan maravilloso
que merece una lectura universal, canónica.
Va intentar abandonar las poses
que le han dado identidad hasta ahora:
las santerías y los maquillajes,
las pelambres  y los certámenes;
lanzarse al mundo, desnudo, vacío,
pero nuevo y limpio.  Diferente.




Alfredo Villanueva Collado(Santurce, Puerto Rico, 1944). Poeta,
narrador y ensayista.