jueves, 19 de junio de 2014

THOM GUNN








  El hombre con sudores nocturnos


Me despierto frío, yo que
he prosperado a través de los sueños de calor
Despierto a sus residuos,
El sudor, y una hoja  pegajosa.

Mi carne es su propio escudo:
Donde fue acuchillado, se curó.

Yo crecí mientras exploraba
El cuerpo en que podía confiar
Incluso mientras que yo adoraba
El riesgo de lo hizo robusto,

Un mundo de maravillas
Cada desafío a la piel.

No puedo dejar de lamentar
El escudo dado fue roto,
Mi mente se reduce aprisa,
Mi carne reducida y destruida.

Tengo que cambiar la cama,
Pero  me captura a mí mismo no obstante

Detenido en posición vertical donde estoy
Abrazando mi cuerpo
Como  para protegerlo de
los dolores que van a través de mí,

Como  las manos fueran insuficientes
para llevar a cabo una avalancha fuera







La aniquilación de nada


Nada quedaba; Nada, el nombre protervo
Que cada noche repetía hasta ser arrastrado
A un sopor oscuro o sopor que contenía un sueño.
En él había una enorme ausencia contagiosa,
Más espacio que el espacio, sobre la nube y el fango,
Sólo demarcada por las intrusiones de su poder.
Reducido a la indiferencia ante los cambios del tiempo,
Cuyo fin conocía, me despertaba sin deseo
Y agasajaba el cero como un paradigma.
Pero ahora se rompe: las imágenes estallan con fuego
En la tranquila esfera donde he residido,
Mostrando el paisaje que aún se mantiene entero;
El poder que yo concebía, que presidía
Esencial en sus devastaciones abstractas,
Es simplemente cambio, los átomos que dividía
Completan, en la ignorancia, nuevas combinaciones.
Sólo una infinita finitud veo
En esas peculiares variaciones atrayentes.
Es la desesperación de que la nada no puede ser
Lo que destella en la mente y deja una marca humeante
De espanto.
Levanta la vista. Ni firme ni libre,
La materia sin sentido está suspendida en la oscuridad.


                              Trad. Enrique Revol